Transcurría el año 1975. Franco todavía no había muerto, pero España se preparaba para un gran cambio sin saber muy bien hacia dónde se dirigiría. Pero nada se detenía, tampoco el deporte y mucho menos el fútbol. Los equipos entrenaban y jugaban y en verano, como es habitual, fichaban y organizaban las plantillas. El Mallorca no era menos y lo hacía pensando no solo en el primer equipo, también trabajaba para armar el conjunto amateur y juvenil.