Alto valor

En el fenómeno del pódcast han aparecido grupos de chicos que debaten temas tan sesudos como el dolor de regla no es para tanto. Los comentaristas son todos hombres jóvenes. Se publica en redes y consiguen miles de interacciones porque las mujeres saltan ante semejante bravuconada. Otra modalidad es invitar a mujeres para retarlas e insistir en que deben mantenerse vírgenes mientras ellos tienen numerosas relaciones. Si mantienen su currículum intacto, serán hembras de alto valor, mientras ellos van golfeando por los bares. ¿Con qué mujeres se acostarán? ¿Dividen al género femenino entre accesible y dignas madres de nuestros vástagos? Por otro lado, algunos manejan términos más que peligrosos: «Tenemos que mantener sana la reserva genética». Tienen que tener cuidado de ver con quien se cruzan, como perros de raza de competición. Su valioso ADN no merece ser arrastrado. Lo curioso es que somos españoles, tenemos una genética como una coctelera y en EEUU seríamos carne de ICE por nuestra piel oscura y los ojos marrones. Si es que nos tenemos que reír de semejantes niñerías soltadas ante el micrófono. Aquí aparece el fenómeno de Julio Iglesias, convertido en un meme nacional, haciendo chanza de que al final, todos somos hijos de Julio. Y era divertido hasta que supimos la verdad: se aprovecha de mujeres jóvenes pobres. Es la historia clásica en la que el patrón hace y deshace con las sirvientas, con acceso carnal incluido. ¿Es esa la situación ideal de los chicos del pódcast? Espera, se les percibe un ligero temblor de manos, un gallo surgido de sus gargantas. ¿Lo ves? Es la inseguridad. Tranquilo, pequeño, ya pasó todo.