Los tres últimos artículos han proporcionado una perspectiva práctica, y a la vez diferente, sobre el sentido de la reducción de la jornada laboral y su verdadera expresión en la vida de las personas. Terminamos la trilogía apuntando a un concepto, vocación, cada vez más en desuso en detrimento de otros que ocupan su espacio como dedicación, ocupación, trabajo u obligación. Son conceptos, estos últimos, que en los tiempos contemporáneos se ven frecuentemente subordinados a otros como comodidad, trabajo seguro, conciliación o tiempo libre.Sin embargo, vocación tiene un significado muy diferente. La palabra tiene su origen en el latín vocatio, -nis ‘acción de llamar’, que la RAE la define como «inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de religión», y en el caso que más nos ocupa «inclinación a un estado, una profesión o una carrera», que por tanto se relacionaría con un sentimiento de sentirse llamado a dedicarse a algo, una llamada interior. No hace falta que sea algo trascendental, a veces puede ser simplemente certeza interior de estar en el sitio correcto haciendo lo correcto.Benjamin Veschi lo define mejor diciendo que el significado actual que le damos a vocación es «el sentimiento que se produce en el individuo que lo lleva a emprender un camino, comúnmente pautado desde lo profesional, religioso, o personal». Podemos enlazar entonces esta aptitud hacia un camino en la vida, ahora que está tan «de moda» entre coaches y otros, con el propósito vital. De tal forma que nuestra vocación no solo da sentido a nuestras vidas sino que, yendo más profundamente, puede que muchos encuentren en su vocación la razón de su existencia.Si uno anda por la vida vocacionalmente, deberíamos entender que esta persona se encuentra en armonía consigo misma y su dedicación profesional no es más que una extensión de su vida, incluso puede serlo de forma disociada, es decir, que para esa persona, trabajar o no trabajar sea lo mismo. Recordando de nuevo a Confucio como hicimos en un artículo anterior: «Escoge un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día de vida».Por otro lado, la persona que anda por la vida no vocacionalmente, deberíamos entender que es justo al revés: su dedicación profesional no estará en armonía con su persona y por consiguiente es más probable que su trabajo sea una carga, una obligación por la que hay que pasar para llegar a final de mes. Naturalmente, alguien en esta situación probablemente se encontrará más frustrado con su vida, y verá que derrocha cada hora de trabajo de forma infructífera.Según el reconocido informe State of the Global Workplace de Gallup para 2025, el compromiso laboral mundial está solo en el 21 %, aunque lo más alarmante para nosotros es que la región con peor puntuación es Europa (13 %), dato que coincide con otros más cercanos a nuestra geografía como el 13,5 % de los trabajadores valencianos que realiza sus funciones de manera vocacional, según la consultora Intelema.Hay varios proxies muy usados en estudios y estadísticas relacionados con la vocación profesional, aunque no capturan la dimensión vocacional profunda, como son el trabajo significativo, la motivación, el bienestar y el compromiso. Y uno de los más fuertemente correlacionados es el de la satisfacción en el puesto de trabajo. Lo que indicaría que una baja vocación podría conllevar una menor satisfacción laboral.Esto lo confirman estudios como el del portal de empleo Jobatus, compartido por Infojobs, en el que se indica que sólo el 28,7 % de los trabajadores en España están satisfechos con su trabajo y el sector de la hostelería lidera la menor satisfacción (19,7 %). O también la multinacional Gi Group Holding, que confirma que solo un 42 % de los trabajadores españoles están satisfechos. Contrariamente, el Instituto Nacional de Estadística o el Randstad Workmonitor indican que la mayoría de trabajadores españoles sí están satisfechos en su lugar de trabajo. Aunque un 47 %, según Personio, estaría dispuesto a cambiar su trabajo cuando mejore la economía, lo que sugiere que la satisfacción no cubre la dimensión profunda del concepto vocación.Teniendo en cuenta que pasamos más del 50 % de nuestra vida consciente trabajando, la cuestión de la vocación profesional adquiere una atención mayúscula y que nadie, absolutamente nadie, debería pasar por alto.Si aspiramos a la eudaimonia de Aristóteles, ese estado de felicidad (realización) al que llegamos si ejercemos nuestra «propia virtud», pasará por nuestra dedicación profesional. Si aspiramos a construir (no encontrarlo) el sentido a nuestra vida como decía Víktor Frankl, una de las vías es a través del trabajo. O según Rudolf Steiner, el trabajo no debería ser alienador, sino una expresión de la libertad creativa individual. Parece entonces que si logramos alinear nuestra vocación profesional con nuestra vida, todo tomará otra perspectiva. ¿Qué nos lo impide? Hablaremos de ello en el próximo artículo.