Palma, una ciudad sin alma

El presidente de la Autoritat Portuària de Balears, Javier Sanz, presentaba ayer en este diario el proyecto de remodelación del puerto de Palma para el que se fija un plazo de ejecución mínima de diez años. La iniciativa está en fase embrionaria. La idea, como en tantas otras ocasiones, es abrir la ciudad a su litoral marítimo. No dudo de las buenas intenciones del señor Sanz, pero sólo el tiempo dirá si todo acabará como una mera expresión de un deseo o en una obra cuya ejecución dista demasiado de su diseño inicial. De eso sabemos mucho aquí. Los archivos de todas las instituciones son un testimonio mudo de ello. Resulta difícil recordar algún proyecto público de los últimos tiempos que haya dejado huella en la ciudad, el Parc de la Mar debe ser de las pocas excepciones. Muy triste. No es mi intención quitarle la ilusión al presidente de la APB, pero ardo en deseos de saber cómo resolverá el código de barras en el que se ha convertido el paseo marítimo con los mástiles de los veleros y los grandes yates. El puerto es una inmensa marina, un enorme negocio al que pocos le prestan atención.