"¿Tan cerca están los rusos?", preguntó el 22 de abril de 1945 desde su búnker en Berlín, ocho días antes de su muerte. Ya había tomado la decisión de morir, ya se había negado a huir, ya se había despedido de la luz solar. En su última semana, repartió cápsulas de cianuro como caramelos, se enteró de la muerte de Mussolini y de la traición de Himmler. El ocaso del Reich y de su líder