Dos narcisismos

Nos recordaba estos días en Madrid el autor noruego Erik Varden que, en la sociedad actual, se perciben dos grandes tendencias. La primera se contempla a sí misma satisfecha desde Instagram: vida saludable y restaurantes Michelin, casas de firma y ropa de marca, novelas a la última y destinos exóticos… Nuestra imagen digital aparece sonriente, embellecida por un buen número de filtros y alguna que otra inyección de bótox. La segunda de las tendencias sería la contraria y juega a la carta ganadora del victimismo. Aquí ya no nos presentamos tan satisfechos, sino con las heridas expuestas a la luz del día, lastimados irremisiblemente o, peor aún, definidos para siempre por nuestros traumas. En un giro cultural muy característico del existencialismo francés del siglo XX, podemos decir: «somos nuestras heridas». Por supuesto que lo somos hasta cierto punto, pero no sólo eso. Ni debemos serlo si nos conduce al ensimismamiento y a la autolástima.