Ya no hay izquierda que no sea izquierda caviar. Pueden fingir que son pobres, pueden disfrazarse de feministas, ponerse pañuelos palestinos, pueden aparentar tanto como quieran, pero para que ser aceptado en la izquierda, hoy, hay que ser privilegiado y, a poder ser, funcionario. El largo tuit de Estefanía Molina invita a que nos preguntemos: ¿quién acoge mejor a a un chico (chico, tío, hombre joven) blanco con un mal trabajo y bajo nivel educativo, la izquierda o la ultraderecha? Ahí está la clave que explica muchas cosas y que nos evitaría mucha mierda que da razones, precisamente, al chaval harto de no tener nada salvo la culpa.