Un estudio arroja información sobre cómo los peligros de la noche influían en la vida cotidiana de la sociedad romana Hija de judíos, se convirtió en la única mujer holandesa que fue ejecutada por colaborar con los nazis La antigua Roma suele recordarse por sus monumentales construcciones arquitectónicas, su desarrollo de sistemas políticos y de gobierno aún vigentes, y una vida cultural que dejó una huella profunda en la historia occidental. Sin embargo, más allá de esto, existía otra ciudad que adoptaba formas distintas, menos visibles, y que cobraba vida una vez caía la noche . La vida nocturna ofrecía a los romanos ciertos espacios en los que encontrarse que funcionaban como una vía de escape. Tabernas y termas abiertas hasta tarde, cenas y reuniones clandestinas… Estos lugares permitían una interacción mucho más flexible entre los que habitaban la capital del Imperio. Sin embargo, la noche romana tenía otra cara que estaba llena de peligros: crímenes, robos e incluso conspiraciones políticas también eran protagonistas en este tramo horario. Un estudio publicado en la revista académica Florentia Iliberritana de la Universidad de Granada trata de arrojar luz sobre esta faceta menos conocida de la antigua Roma. “ La noche permite observar lo que el día disimula : las contradicciones del orden legal, la fragilidad del poder institucional, las tensiones de clase y las estrategias de supervivencia de los sectores más vulnerables”, explica el autor del artículo. Peligros a la luz de la luna Una de las principales preocupaciones de los ciudadanos de la antigua Roma era sufrir algún asalto nocturno. Era la propia estructura que tenía la ciudad, con callejones estrechos y mal iluminados , la que facilitaba la actividad criminal cuando caía la noche. “Las calles, frecuentemente carentes de patrullas de vigilancia efectiva, eran el escenario idóneo para ladrones y asaltantes”, explica el artículo. Por su parte, las tabernas, lugares de reunión para todas las clases sociales, también eran lugares marcados por el desorden. Las normas sociales y morales aceptadas durante el día eran completamente desafiadas al anochecer por los que frecuentaban estos espacios, donde se bebía mucho alcohol. “La embriaguez y la promiscuidad eran fenómenos comunes , y frecuentemente las fiestas nocturnas acababan en orgías, lo que perturbaba la paz y el orden público”, señala el autor. Ante este panorama, las autoridades romanas intentaron imponer cierto control. Augusto creó varios cuerpos como las “cohortes urbanas”, fuerza paramilitar especializada en el control de masas. Los “ vigiles” tenían competencias en vigilancia nocturna , mientras que la “guardia pretoriana” se encargaba principalmente de la seguridad del emperador y de investigar crímenes contra el Estado. Pero la protección no era suficiente y, quienes podían permitírselo, contaban con guardaespaldas privado. Sin embargo, más allá de la criminalidad y el desenfreno, una parte de la sociedad de la antigua Roma sí dedicaba su vida nocturna para hacer actividades positivas e incluso productivas para la sociedad. “Entre ellas, destaca el uso de la noche por parte de las élite letradas y figuras políticas como espacio privilegiado para la escritura, la lectura y la reflexión ”, concluye el artículo.