Numerosos ciudadanos han acudido este mediodía a la plaza mayor de Salamanca para participar en emotivo acto de homenaje, un minuto de silencio, en señal de duelo y respeto hacia las personas afectadas por el trágico accidente ferroviario ocurrido ayer tarde en la localidad cordobesa de Adamuz. El Colegio de Psicólogos de Castilla y León ha anunciado que se ha puesto a disposición de las autoridades andaluzas para ofrecer ayuda gratuita a los afectados y sus familias, movilizando a sus especialistas en emergencias. La ayuda se coordina a través del Grupo de Intervención Psicológica en Desastres y Emergencias, formado por unos 100 profesionales en Castilla y León especializados en atender estas situaciones. Según explica Nieves Andrés, coordinadora del área, el decano del colegio contactó con sus homólogos de Andalucía para "ponernos a su disposición, a pesar de la distancia, por si necesitaran que les ayudáramos". Este grupo se activa a través de llamadas de Protección Civil o del servicio de emergencias, momento en el que se moviliza a los profesionales de guardia para que acudan al lugar del incidente a ofrecer los conocidos como primeros auxilios psicológicos. El objetivo no es realizar una terapia formal, sino dar un soporte inmediato y crucial en las primeras horas. El impacto de una noticia así genera situaciones de shock inicial muy grande tanto en los supervivientes como en los familiares. El trabajo de los psicólogos se centra en "prevenir, disminuir o incluso amortiguar ese estrés inicial que se produce y las consecuencias negativas que puede producir a la salud mental posteriormente", afirma Andrés. Durante esta primera intervención, los especialistas no aplican una terapia como tal, sino que utilizan herramientas como la escucha activa y la empatía para proporcionar calma y seguridad. El fin es ayudar a que las personas puedan movilizar sus propios recursos y fortalezas para sobrellevar un momento tan crítico. Nieves Andrés detalla que, tras un suceso de estas características, es habitual que las personas experimenten síntomas como miedo, ansiedad, ira, llantos, agitación o incluso reacciones físicas como taquicardia o sudoración. La experta subraya que estas reacciones "son perfectamente normales, precisamente por la anomalía de la situación", ya que se trata de un evento inesperado y potencialmente traumático. La labor de los psicólogos en ese momento es clave para "preparar al cerebro" y ayudar a la persona a afrontar los días sucesivos. Si estos síntomas persisten y no se atienden, podrían derivar en un trastorno de estrés agudo que, con el tiempo, puede cronificarse y convertirse en estrés postraumático. Una de las posibles secuelas es el miedo a volver a viajar en tren, una dificultad inicial que se considera normal. Según Andrés, el modo de afrontarlo dependerá de cada persona y de factores como sus fortalezas o vivencias previas, y en algunos casos podría ser necesaria ayuda psicológica posterior para superarlo.