Siempre se creyó que la agricultura nació para asegurar el alimento. Sin embargo, nuevos hallazgos arqueológicos y debates científicos apuntan a una posibilidad mucho más humana: que el deseo de fermentar cereales y producir cerveza haya sido uno de los motores que empujó a nuestra especie a abandonar la vida nómada y sentar las bases de la civilización.