El Nàstic de Tarragona está decididamente en caída libre. La derrota en campo del Atlético Sanluqueño con un gol de córner en el minuto 90 hace que el equipo del Nou Estadi haya encadenado cuatro derrotas consecutivas en liga, hecho que no sucedía desde hace 16 años. La zona de descenso está, en el arranque de la segunda vuelta, a tan solo dos puntos, algo aterrador para un equipo que era uno de los candidatos para el ascenso a principio de temporada. La derrota en Sanlúcar fue además contra un rival inmerso en el descenso y que, paradójicamente ha sido capaz de imponerse al Nástic en los dos partidos de la temporada. Hace 16 años el club grana vivió una circunstancia idéntica en cuanto a los números. En aquella temporada, la 2009 - 2010, el Nástic se vio abocado a pelear por la permanencia jornada tras jornada hasta la última. Los tarraconenses, entonces entrenados curiosamente por Luis César, salvaron la categoría por un solo punto de margen. Pero en esta ocasión la crisis de club es ya una una innegable evidencia que parece ir más allá de los problemas deportivos. La figura del entrenador, Cristóbal Parralo, está muy en entredicho. Parralo, que llegó en sustitución de Luis César, no ha conseguido los resultados pretendidos aunque parece que a la hora de cerrar este artículo no corre peligro. Sin embargo la falta de energía en algunos tramos de los últimos encuentros es un hecho que está repercutiendo en la autoestima de la plantilla, inmersa en un escenario que nadie esperaba a comienzos de temporada. Hoy por hoy los números de Cristóbal se asemejan a los de su predecesor en el banquillo. Y es que esta crisis parece no solo deportiva, sino que también afecta a la institución. No se distingue en la situación actual del equipo una fortaleza al frente del timón del club que pueda abocarse al vestuario para afrontar los partidos de otra manera. La sensación es que, a diferencia de otras crisis vividas en el Nou Estadi y que se resolvían con el relevo en el banquillo, la solución en este caso pasa por un relevo en la planta noble de la entidad. Por el momento, las voces que se atreven a pronunciarse en voz alta se mantienen en el típico mensaje de cierre de filas y unidad intramuros para salir del paso. En el silencio, se puede intuir el mensaje de necesidad de un cambio en el Consejo de Administración con caras e ideas nuevas para cuajar el anhelado sueño del ascenso a Segunda División. De momento el próximo capítulo en la liga lleva al Nástic a enfrentarse al Ibiza. Lo que pase en la grada, sobre todo si el equipo suma otra jornada sin ganar, puede precipitar los acontecimientos.