La labor delictiva y también la policial no cesan en el llamado hotel okupa de San Blas, el complejo de las antiguas Aragón Suites que quebró, pues su dueño era uno de los mayores morosos de España. El último capítulo de violencia ocurrió este domingo, con el acuchillamiento de un peruano a manos de unos compatriotas durante una riña al intentar recuperar su cartera y otros efectos personales. Hay tres detenidos, acusados de intento de homicidio. Es uno de los múltiples sucesos ocurridos en el lugar: secuestros, bandas latinas, dos asesinatos consumados, varios intentados, muertes por inhalación de gases y, por supuesto, okupaciones masivas. A este respecto, la Policía Municipal de Madrid y la Jefatura Superior de Policía Nacional llevan trabajando meses de manera conjunta en la tramitación de expedientes de usurpación y sus correspondientes desalojos. En septiembre de 2025, eran 205 (120 por parte de la comisaría de San Blas-Vicálvaro, del CNP; y 85 de la Comisaría de Coordinación Judicial, del Cuerpo local). Según ha podido saber ABC, no se han producido nuevas okupaciones desde entonces hasta este 18 de enero. Otra cosa, eso sí, es que hayan llegado 'vecinos' a inmuebles ya okupado anteriormente. El complejo está compuesto por tres bloques edificios conectados, en la calle de Lola Flores, en el barrio de Rejas. La comunicación entre las comisarías «es continua», aunque siguen topándose con un obstáculo burocrático: los expedientes no están unificados, sino que se encuentran derivados en distintos juzgados de la capital, lo que supone un trabajo más lento a la hora de realizarse los lanzamientos e investigar la naturaleza conjunta del fenómeno. Las peticiones para que el Decanato de Plaza de Castilla limite el caso a un juez parece que no han surtido efecto por parte de la magistratura. De los cien apartamentos desalojados, cuatro lo corresponden a la Policía Municipal, y los otros 96, a los nacionales. La Comisaría Integral del Distrito de San Blas-Canillejas está realizando las siguientes actuaciones: intercambio de información con Policía Nacional sobre los desalojos, su ubicación, vigilancia de los desalojados y vigilancia del entorno del edificio conjunta con el CNP, mediante controles acordados, y separados, es decir, con efectivos propios del Cuerpo local. En septiembre pasado, eran 78 los desahucios practicados. Las fuentes consultadas hablan de que «se aprecia una disminución de los hechos delictivos, pudiendo ser consecuencia del número de desalojos ejecutados, en los cuales no ha habido nueva ocupación, y la consiguiente reducción de la actividad en la zona». Las Aragón Suites llevan alrededor de cuatro años siendo campo de batalla de estas personas, entre las que abundan las de procedencia peruana, además de colombianos, venezolanos, marroquíes, dominicanos y algunos españoles. Muchas conforman núcleos familiares. Hasta 200 personas se han contabilizado en esta mastodóntica urbanización, preñada de suciedad, escombros, sin luz eléctrica y donde los generadores de energía han causado ya alguna tragedia mortal. Muchos son niños. El primer suceso relevante lo protagonizó uno de los asesinos de Sandra Palo, que, junto con su banda, mantuvo secuestrado a dos hombres del clan de los Gayarre allí; un colombiano murió asesinado en una disputa con otros compatriotas de un equipo de fútbol rival; los Trinitarios acuchillaron hasta casi matarlo a un joven que se negaba pagar a una mafia y un varón murió también acuchillado por otro impago. El pasado 25 de junio, como adelantó este periódico , fueron apresados allí once integrantes del clan de los Maya, algunos de ellos, famosos por su actividad criminal. Se presentaron en el lugar como «parientes del Gordo Maya», en referencia al delincuente encarcelado por presunto intento de homicidio, robos y secuestros. Una tía de este sujeto murió tiroteada hace dos años en la puerta de su casa, en Puente de Vallecas. Están también emparentados con los Silva, unos de los señores de la droga de la Cañada Real y de la red de narcopisos de Nueva Numancia. Una vecina del rellano de uno de los pisos confirmó la violencia con la que habían llegado los Maya, todos varones y entre los que había padres, hijos, hermanos, primos... Explicó que había visto desde su ventana «cómo llegaban dos coches oscuros y se bajaban diez gitanos con palos y cuchillos». «Entraron en el portal y comenzaron a golpear la puerta de los vecinos», resumió.