Álvaro Bañón, economista, sobre el problema de fondo en el precio de la vivienda: "Mientras no se respete la propiedad privada, no habrá pisos en alquiler"

El problema de la vivienda se ha convertido en la primera preocupación de los españoles y de los navarros, una realidad que ha llevado al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a realizar anuncios específicos. Sin embargo, el economista y profesor universitario Álvaro Bañón se muestra escéptico sobre el recorrido de estas medidas y lanza una advertencia clara: no existen soluciones a corto plazo para la actual crisis. Sobre los incentivos fiscales propuestos para los caseros, Bañón considera que la idea no es mala, pero la tacha de totalmente insuficiente. A su juicio, podría ser una medida aceptable "dentro de una batería de 30 medidas", pero por sí sola no puede resolver un problema de esta magnitud. El economista sostiene en COPE Navarra que el debate está enfocado de manera equivocada. "Estamos atacando el síntoma y no el problema. El síntoma es que los precios son muy altos, cierto, pero el problema es que no hay oferta de vivienda", explica. Para Bañón, la situación es comparable a tener una infección que causa fiebre; de nada sirve bajar la fiebre si no se ataca la infección real. La raíz de esa falta de oferta, según el profesor, es la inseguridad jurídica que sienten los propietarios. Muchos dueños de pisos prefieren tenerlos vacíos, renunciando a un ingreso, antes que arriesgarse a alquilarlos. El temor a inquilinos que no paguen, destrocen la vivienda o que no puedan ser desalojados si son declarados vulnerables frena la salida de inmuebles al mercado. Bañón es contundente al respecto y afirma que "mientras no se respete la propiedad privada, no habrá pisos en alquiler". Critica que la legislación actual puede llevar a situaciones en las que un propietario no solo no puede desalojar a un inquilino moroso, sino que además debe seguir pagando sus suministros. La solución a largo plazo pasa por aumentar la oferta, pero el economista advierte de la lentitud del sistema. "Somos muy lentos construyendo viviendas", afirma, señalando que desde que se planifica un proyecto en un suelo hasta que se empieza a construir pueden pasar cuatro o cinco años. Por ello, urge a "agilizar la ley del suelo" y a que el Estado, como mayor propietario de terreno, ponga suelo a disposición del mercado de forma inmediata. Actualmente, según las cifras que maneja Bañón, en España faltan unas 700.000 viviendas anuales para equilibrar la oferta y la demanda, lo que provoca una subida de precios inevitable. A diferencia de otros mercados, en el inmobiliario la oferta no puede aumentar rápidamente para ajustarse. Cualquier intento de controlar los precios está, para Bañón, condenado al fracaso. "Atacar el precio desde arriba es inútil", sentencia. Insiste en que para un propietario el problema no es si alquila por 900 o 930 euros, sino la seguridad de poder recuperar su vivienda si el inquilino no paga. El experto también aborda la situación de las zonas rurales, donde sobran viviendas. Considera un error pensar en obligar a la gente a mudarse allí, ya que la demanda se concentra en grandes núcleos como la comarca de Pamplona. "Tiene que ser la oferta la que se adecúe a la demanda. Necesitamos construir donde la gente quiere vivir y hacerlo de manera ágil", defiende. Bañón critica también el papel de los ayuntamientos, a los que acusa de ralentizar la liberación de suelo para usarlo como "una enorme fuente de financiación". Estas "pequeñeces políticas", como reservar un porcentaje de las nuevas viviendas para los vecinos del municipio, impiden abordar el problema de una forma global. Finalmente, se muestra contrario a la idea de limitar el alquiler por habitaciones, ya que anticipa que una regulación muy restrictiva solo provocará la aparición de un mercado negro. En su lugar, propone regularlo adecuadamente y ofrecer beneficios fiscales para que aflore toda la oferta posible y así satisfacer la enorme demanda existente. El economista diferencia la crisis actual de la burbuja de 2008, cuando "se construía mucho más de lo que se demandaba" por pura especulación. La lección, concluye, es que el mercado de la vivienda, como todos, se rige por la oferta y la demanda, y que cualquier solución real requiere ponerse "manos a la obra" ahora para ver resultados en un plazo no inferior a cinco años.