Para muchos peregrinos, la experiencia de recorrer el Camino de Santiago es tan profunda que buscan la manera de continuarla una vez llegados a la meta. Una de esas formas es convertirse en voluntario en la Oficina del Peregrino de Santiago. Según explica Montse Díaz, coordinadora del voluntariado, la gran mayoría de los colaboradores han sido primero peregrinos y quieren devolver parte de lo que recibieron a través de la acogida. El perfil del voluntario es tan diverso como el de los propios peregrinos. El año pasado, la oficina contó con colaboradores de 32 nacionalidades diferentes, incluyendo países como Japón, Corea, Canadá, Australia o Malasia. "Es como una torre de Babel, esta oficina donde todos se hablan", comenta Díaz. El objetivo es que cada peregrino pueda ser atendido en su propio idioma al llegar a Santiago. La edad tampoco es un impedimento. Aunque la media se sitúa entre los 30 y los 70 años, la oficina cuenta con voluntarios de hasta 78 años que siguen participando activamente. Para ellos, que ya no pueden afrontar rutas largas, esta labor "es revivir esa experiencia, sentirse útiles, aportar todo el conocimiento que ellos tienen del camino", señala la coordinadora. La función principal del voluntario es la acogida. En el momento de la entrega de la Compostela, se entabla un diálogo que permite al peregrino expresar y procesar su vivencia. "El voluntario lo que hace es acompañarlos en ese momento", resume Díaz. Es un espacio para que hablen de las dificultades, del proceso religioso o espiritual que han vivido o simplemente, para desahogarse. Muchos caminantes, tras semanas o meses en ruta, llegan a la oficina y se preguntan: “¿y ahora qué?”. El equipo de voluntarios les ofrece un oído atento para ayudar a gestionar esa sensación de vacío o de fin de etapa. Además de la acogida general, existen salas gestionadas por asociaciones de países como Países Bajos, Francia, Alemania o Polonia, donde los peregrinos pueden conversar con compatriotas mientras toman un café. El compromiso del voluntariado es de quince días, con turnos de cinco horas diarias, de mañana o tarde, lo que permite compaginar la labor con la visita a la ciudad. La organización ofrece alojamiento en el "hogar de voluntario", un espacio con habitaciones individuales y cocina compartida que fomenta la convivencia entre personas de todo el mundo. Los interesados pueden inscribirse a través de la página web acogidacristianaenelcamino.org o del correo electrónico voluntarios.acc@catedraldesantiago.es. La demanda es muy alta: el año pasado se recibieron más de 900 solicitudes para cubrir unas 400 plazas. La oficina de la rúa Carretas en Santiago no es en todo caso el único destino de las manos colaboradoras. Montse Díaz explica que también hay albergues a lo largo del camino que reclaman la presencia de voluntarios para hacer la acogida y cuando a la persona le interesa, es destinada allí. Además, también hay veces que se producen bajas por imprevistos, así que tiran de la "lista de espera". La coordinadora recomienda que, en todo caso, quien esté interesado haga la solicitud lo antes posible. Tambien existe una modalidad de voluntariado local para residentes en Santiago. Esta opción es popular entre jóvenes que desean practicar idiomas y entre personas jubiladas que quieren dedicar su tiempo a una labor social. En estos casos, el horario puede ser más flexible, adaptándose a la disponibilidad de cada persona.