Mónica Gallego tiene todavía muy vivas en su cabeza las imágenes que vivió el pasado domingo en Adamuz (Córdoba). Ella viajaba en el segundo vagón del tren de Iryo Málaga-Madrid que, sobre las 19.40 horas, descarriló y chocó con otro tren de Renfe. Esta joven malagueña, que salió afortunadamente ilesa del accidente ferroviario, esquivó un destino que podía haber sido fatídico por pequeños detalles como decidirse a llevar, por consejo de su madre, un par de maletas grandes en su viaje a Madrid, algo que cuando realizó a última hora la reserva del billete la situó en la parte delantera del convoy, en clase preferente, y no en los vagones finales, que fueron los que descarrilaron.