Se queja el escritor Arturo Pérez-Reverte en una reciente tribuna, que ha tenido gran repercusión mediática, de que la Real Academia Española está haciendo una creciente dejación de lo que él entiende que es su función principal, a saber, establecer y difundir la norma culta del idioma, para limitarse, en cambio, a registrar los usos de la lengua e incorporar a la gramática y al diccionario aquellos que son preferidos por una mayoría de hablantes. Simplificando una situación que cabe aventurar más compleja y entrañar más matices, parece que, dentro de la RAE, escritores y lingüistas se han alineado, respectivamente, con estas dos políticas, llegándose a desacuerdos notorios entre ambos grupos sobre los objetivos y el funcionamiento de la institución.... Ver Más