Miquel Ferrer (Muro, 1970) estudió cine muchos años antes de que existiera el CEF, recuerda, en una escuela llamada Sa Nau. Rápidamente se dio cuenta de que lo suyo era escribir, primero cortos y luego teatro. Es en este arte, reconoce, donde se siente más cómodo, aunque confiesa que su personalidad es más bien discreta. Sin embargo, lo cierto es que el texto que le valió el domingo el beneplácito del público y que le proclamó vencedor de la duodécima edición del Torneig de Dramatúrgia no era precisamente discreto.