Agro Fitur

Permitan que añada más leña al reactivado e interesado debate sobre el uso del suelo rústico en Baleares. Estamos ante una encrucijada que requiere partir de una realidad incuestionable: el campo languidece y vivimos demasiado bien para volver a esa sociedad rural que fuimos. El problema puede sintetizarse en tres motivos muy claros: La actividad agrícola ya no es rentable, el beneficio es para quien comercia y no para el productor. Los precios seguirán subiendo y nunca ha sido en beneficio suyo y los ciudadanos pagaremos a precio de oro unos productos que antes abundaban. Es una actividad de alto riesgo por su dependencia de algo más o menos previsible como son los mercados y sometida a los caprichos –últimamente excesivos– del tiempo. Sin embargo, lo peor sea encontrarnos ante un trabajo esclavo e intenso que requiere mucha dedicación, pasión y que si no gusta es imposible. No hay relevo generacional y nuestros mayores contemplan desolados las fincas a las que consagraron sus vidas y que han generado muchas espaldas dobladas que vemos en los pueblos de interior (sin la atención mediática ni el apoyo institucional que deberían). Un uso residencial no es el gran problema y además es lícita la decisión de huir del caos de la actual Palma o algunos pueblos para recuperar propiedades de la familia que en su momento fueron descartadas. Lo que preocupa –sí valdría la pena montar un Agro Fitur– es el abandono de cultivos poco productivos como el almendro, el algarrobo o el cereal de secano que supone una reducción de la superficie agraria útil, incremento del riesgo de incendios por falta de gestión forestal, pérdida de biodiversidad y aumento de la dependencia exterior en el suministro alimentario. Parece que no se quieren adoptar medidas ante la falta de payeses y la burocracia también los está exterminando. Todo lo relacionado con el turismo nos resulta más fácil y no es un tema de ideología. Saber combinar los dos modelos debería ser nuestra mayor preocupación y la nueva promoción (de ser necesaria) tiene que ir de la mano de los otros sectores que permitirán mantener unas islas más auténticas y mejores. No podemos desviar el debate del rústico y lo que representa a muchos niveles, no podemos anclarnos en una visión bucólica imposible. Tampoco podemos lastrar el derecho a la propiedad privada o no entender que mantener patrimonio es costoso y complejo. Se ha roto un equilibrio que debió existir antiguamente o, tal vez, todo debía terminar con el escenario actual sin poder hacer mucho. Falta un cambio de mentalidad y mucha valentía política. Aún quedan emprendedores en el campo balear y ellos son los grandes héroes de este Fitur que estos días tendrá a nuestros representantes muy ocupados. Cuando vuelvan de Madrid podrían ir pensando en ese nuevo Agro Fitur que, seguramente, nos aportaría mayor calidad de vida y la tranquilidad de saber que no olvidamos nuestra procedencia.