Cursilería de amplio espectro

El escritor ruso Nabokov, gran cazador de mariposas, aseguraba que el idioma castellano, igual que el ruso, son los únicos donde existe el concepto de cursi, en el sentido de alguien muy pretencioso que afecta grandes sentimientos, refinamiento, belleza de espíritu y una elegante superioridad. En otros idiomas parece que no existe tal cosa, o no hay una palabra para definir con precisión tamaña ridiculez. De ahí que los rusos consideren su célebre alma rusa próxima a la española, veneren a Calderón de la Barca y sean devotos del Quijote. Nabokov odiaba la cursilería, que asociaba con nenúfares, cornucopias y cisnes, razón por la que Humbert Humbert, protagonista de Lolita, es de una cursilería pavorosa. Cursilería asesina, podríamos decir. Claro que lo de cazar mariposas y clavarlas con un alfiler, extasiado de su belleza… En fin, nadie es consciente de su propia cursilería, aunque la odie. O quizá por eso. Pero yo quería hablar de lo cursi hipertrofiado, cursilería de amplio espectro, que en tanto que apoteosis sentimental muy afectada, ha generado un los últimos tiempos una variante de cursiladas más agresivas. Si de simular y exagerar grandes sentimientos se trata, la ofensa y la indignación dan para muchísima cursilería. Ignoro si el idioma ruso ha ampliado ese concepto de cursi, pero el castellano sí, porque se puede ser brutal (apocalíptico) y cursi al mismo tiempo, como los portavoces del PP hablando de Sánchez con una cólera impostada a la vez que remilgada. ¿Es cursi Putin? Cuando lanza misiles no, pero cuando le ves cruzando rígido enormes estancias palaciegas, con puertas gigantescas, cornucopias, nenúfares y cisnes, y luego suelta discursos patrióticos de un lirismo estremecedor, con el engalanado pope Cirilo al lado como emblema del alma rusa, seguro que sí. Una cursilería que hiela la sangre en la venas. ¿Y el presidente de Estados Unidos? ¿Es cursi? ¡Uff… Desde luego, no hay más que verlo. También se puede ser zafio y cursilón a más no poder. Es cuestión de grandilocuencia. Tradicionalmente, la cursilería era propia de escritores, poetas y gentes del espectáculo. Capullos aparte. Ahora se ha dilatado el concepto. Es ya de amplio espectro.