El otro día, después de una cena que se alargó más de la cuenta, una amiga dijo algo que se me quedó pegado como el olor a tabaco en el abrigo: «Creo que nunca se ha follado tanto y querido tan poco». Fue el único momento de la cena en que mis amigas y yo estuvimos sin reírnos. Y eso que solemos reírnos de todo. No sé si por los margaritas o los sex on the beach, quizá por la cerveza o una forma de supervivencia como es la risa, pero nos reímos de todo. Y mucho.