Por qué el dolor crónico dura más en las mujeres que en los hombres

Los hombres y las mujeres sienten el dolor de manera diferente , pero es que además el de tipo crónico es más persistente en ellas. Una nueva investigación sugiere que las diferencias en las células inmunes reguladas por hormonas, llamadas monocitos, pueden ayudar a explicar por qué. Investigadores de la Universidad Estatal de Michigan descubrieron que un subconjunto de monocitos libera una molécula para inhibir el dolor y que estas células son más activas en los hombres debido a niveles más altos de hormonas sexuales como la testosterona, según publica la revista 'Science Immunology'. Sin embargo, ellas experimentaron un dolor más prolongado y una recuperación más tardía debido a la menor actividad de sus monocitos. Esta dinámica fue la misma tanto en modelos de ratón como en pacientes humanos, según han descubierto Geoffroy Laumet, profesor asociado de fisiología de la MSU, y Jaewon Sim, exestudiante de posgrado de su laboratorio. Los hallazgos suponen la posibilidad que esas células inmunitarias puedan ser manipuladas para producir más señales que calmen el dolor. Aunque todavía es pronto para hablar de un nuevo tratamiento basado en estos resultados, Laumet espera que esta investigación pueda algún día ayudar a millones de personas a experimentar alivio con terapias sin opioides y garantizar que el dolor de las mujeres se tome en serio. «La diferencia de dolor entre hombres y mujeres tiene una base biológica. No está en la cabeza, ni eres débil. Está en tu sistema inmunitario», afirma Laumet. El dolor se produce cuando las neuronas de todo el cuerpo se activan mediante estimulación. La mayoría del tiempo permanecen inactivas, pero se encienden cuando te golpeas un dedo del pie o te caes de la bicicleta. Sin embargo, en quienes padecen dolor crónico , los sensores pueden ponerse en marcha con una estimulación leve o incluso sin ninguna estimulación. El dolor es una experiencia muy subjetiva. Por lo tanto, cuando más mujeres que hombres se quejan de dolor prolongado o crónico, la diferencia suele atribuirse a la percepción. Laumet ha dedicado su laboratorio al estudio del dolor durante seis años. Mientras su equipo estaba investigando un pequeño proyecto piloto, observaron niveles más altos de interleucina-10 (IL-10) en hombres . Cuando la segunda prueba volvió a mostrar niveles más altos de la sustancia que indica a las neuronas que supriman el dolor, se dieron cuenta de que habían descubierto algo. «Ese fue un punto de inflexión para mí. Me siento muy afortunado de que confiáramos en esos hallazgos iniciales e inciertos y decidiéramos investigarlos más a fondo», apunta Sim. El laboratorio de Laumet se adentró en la investigación mediante una sofisticada técnica llamada citometría de flujo espectral de alta dimensión. Descubrieron que los monocitos, considerados durante mucho tiempo células precursoras sin gran función, desempeñan un papel esencial y directo en la comunicación con las neuronas sensibles al dolor mediante la producción de IL-10. El equipo descubrió que los monocitos productores de IL-10 eran mucho más activos en hombres que en mujeres. Al bloquear las hormonas sexuales masculinas, obtuvieron el resultado opuesto. «Este estudio demuestra que la resolución del dolor no es un proceso pasivo. Es un proceso activo, impulsado por el sistema inmunitario», asegura Laumet. El grupo realizó al menos cinco tipos de pruebas en modelos de ratón para asegurarse de que lo observado no fuera una anomalía. En todas las ocasiones, los resultados fueron los mismos. Fue entonces cuando contactó con Sarah Linnsteadt, colega de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, quien estudiaba las consecuencias psicológicas de las personas que sufrían accidentes de tráfico. Su investigación mostró un patrón similar: los hombres tenían monocitos productores de IL-10 más activos y el dolor remitía más rápidamente. Esta nueva evidencia arroja luz sobre la vía inmunoneural de resolución del dolor, lo que cambia la perspectiva de cómo se origina el dolor a por qué persiste. El siguiente paso será investigar cómo los tratamientos pueden dirigirse a esta vía y estimular la producción de IL-10. Estas terapias podrían acelerar la resolución del dolor en lugar de simplemente bloquear las señales. «Los futuros investigadores pueden aprovechar este trabajo. Es un proceso activo, impulsado por el sistema inmunitario», concluye Laumet.