Florencia en dos días: qué ver y hacer en una escapada redonda de viernes a domingo

Visitar la catedral de Santa Maria del Fiore, la Galería Uffizi, el Ponte Vecchio o el imponente David de Miguel Ángel en solo un fin de semana requiere organización. Con esta guía descubrirás Florencia, con sus principales monumentos y sus sabores más típicos, aprovechando al máximo tu tiempo En busca del sol de invierno: seis destinos más que agradables para un plan de pocos días Florencia es un destino perfecto para una escapada de fin de semana, pero conviene saber a qué nos enfrentamos. Capital de la Toscana y cuna del Renacimiento, su centro histórico concentra algunas de las iglesias, palacios y museos más importantes de Europa, hasta el punto de que basta caminar unas pocas calles para encontrarse con lugares que forman parte de la historia del arte. Además, todo está relativamente cerca y se puede recorrer a pie sin grandes desplazamientos, lo que facilita mucho las cosas cuando el tiempo es limitado. Normalmente, cuando proponemos guías para descubrir una ciudad en dos o tres días, intentamos que los planes sean relajados y con margen para improvisar. Pero en Florencia hay muchísimo que ver y, si es tu primera vez, lo más probable es que quieras visitar sus grandes iconos, entrar en alguno de sus museos y pasear por sus plazas más conocidas. Eso significa que, esta vez, toca organizarse bien, ajustar los horarios y reservar con antelación algunas visitas para no perder tiempo en colas y aprovechar el fin de semana al completo. La buena noticia es que el esfuerzo compensa. En solo dos días puedes llevarte una imagen bastante completa de la ciudad, descubrir sus monumentos más importantes, cruzar sus puentes más famosos y, entre visita y visita, sentarte a comer y comprobar que aquí la gastronomía es también parte fundamental del viaje. Para sacar el máximo partido a tu visita, este es el plan, paso a paso, desde el viernes por la tarde hasta el domingo antes de volver a casa. El Palazzo Vecchio, en Florencia. Viernes tarde: primeras plazas, primer paseo y primera cena Después de llegar, lo primero será dejar las maletas en el alojamiento. Para una escapada corta, lo más práctico es buscarlo en el entorno de Santa Maria Novella, la zona de la estación. Está muy bien situada y permite empezar a recorrer el centro a pie desde el primer momento. También puedes alojarte directamente en el casco histórico, cerca del Duomo o de la Piazza della Signoria, donde estarás a pocos minutos de casi todo. Y si prefieres un ambiente algo más tranquilo, el barrio de Oltrarno, al otro lado del río, tiene un carácter más local y menos turístico. Con las maletas ya en el hotel, toca salir a pasear. Una buena forma de empezar es dirigirse hacia la Piazza del Duomo, donde se concentran algunos de los grandes iconos de la ciudad, como la catedral de Santa Maria del Fiore, el baptisterio y el campanario. Es uno de esos lugares que probablemente has visto mil veces en fotos, pero que impresiona igualmente cuando lo tienes delante. La catedral de Santa Maria del Fiore, en Florencia. Desde allí, en apenas unos minutos llegarás a la Piazza della Signoria, una de las plazas más importantes y animadas, presidida por el Palazzo Vecchio y llena de esculturas y edificios históricos. Y siguiendo hacia el río, el paseo puede terminar en el Ponte Vecchio, el puente más famoso de la ciudad y uno de sus símbolos, especialmente animado al caer la tarde. Para cenar, lo más recomendable es quedarse por el centro histórico. Es el momento de empezar a descubrir la cocina local, con platos muy ligados a la tradición toscana, como la ribollita , una sopa de verduras y pan, o alguna pasta fresca, siempre acompañada de un buen vino toscano. Después, si te apetece, puedes acercarte a la Fontana del Porcellino, ya que, según la leyenda, hay que tocarle el hocico al jabalí de bronce para volver a la ciudad. El sábado será el día más intenso del viaje, así que no conviene trasnochar. El Ponte Vecchio, en Florencia. Sábado: el Duomo, los grandes museos y el atardecer más famoso de Florencia Toca madrugar un poco. El sábado es el día clave del viaje y conviene empezarlo temprano, dirigiéndose de nuevo a la Piazza del Duomo, esta vez para entrar y visitar con calma todo el conjunto. La catedral de Santa Maria del Fiore es el gran símbolo de la ciudad, y junto a ella están también, como decíamos, el baptisterio y el campanario, que forman uno de los conjuntos monumentales más importantes de Italia. Si quieres subir a la cúpula o al campanario, es fundamental haber reservado con antelación, ya que el acceso es limitado y es una de las visitas más demandadas. Después de esta primera visita, puedes seguir paseando por las calles del centro histórico. Una buena idea es hacer una pausa a media mañana en alguna cafetería o pastelería para tomar un café acompañado de algo típico, como las cantucci , unas galletas de almendra auténticamente toscanas que encontrarás fácilmente en panaderías y cafeterías de la ciudad. Para comer, lo más práctico es quedarse por el centro. En esta zona encontrarás desde pequeños locales informales hasta mercados donde probar algunas de las especialidades más conocidas, como la panzanella , una ensalada fresca elaborada con pan, tomate y verduras, o los panini rellenos de lampredotto , uno de los bocadillos más tradicionales de Florencia. Es una comida perfecta para no perder demasiado tiempo y seguir con el plan. La Galería Uffizi, en Florencia. La tarde está reservada para una de las visitas imprescindibles del viaje: la Galería Uffizi. Es uno de los museos más importantes de Italia y conserva algunas de las obras más conocidas del Renacimiento, por lo que también es muy recomendable comprar la entrada con antelación para evitar largas esperas. La visita puede llevar varias horas, así que conviene tomársela con calma y centrarse en lo que más te interese. Al salir, puedes aprovechar para cruzar el Ponte Vecchio y entrar en el barrio de Oltrarno, una zona con un ambiente algo más tranquilo, llena de talleres artesanos y calles donde es fácil alejarse por un momento de las multitudes. Desde aquí, si aún tienes energía, merece la pena subir hasta el Piazzale Michelangelo, el mirador más famoso de la ciudad, desde donde tendrás una vista panorámica de Florencia, especialmente bonita al final del día. Para cenar, puedes quedarte en esta zona o volver al centro. Es un buen momento para sentarse con más calma y seguir explorando la cocina local, con platos de pasta fresca, estofados tradicionales o simplemente una buena pizza al horno de leña, que aquí también forma parte del día a día. Si te gusta la carne y quieres algo más contundente, pide la bistecca alla fiorentina . Después de un día largo y completo, toca descansar, que el domingo también incluye algunas visitas importantes. La basílica de Santa Croce, en Florencia. Domingo: el David, las últimas visitas y el adiós a la ciudad El domingo sigue habiendo mucho que ver, así que conviene empezar pronto el día. La primera parada es la Galería de la Academia, donde nos espera el David de Miguel Ángel, sin duda una de las esculturas más famosas del mundo. Es una visita imprescindible en una primera vez en Florencia y, como ocurre con otros grandes museos de la ciudad, es muy recomendable reservar la entrada con antelación para evitar esperas que nos hagan perder el tiempo. Al salir, puedes dedicar el resto de la mañana a seguir paseando por el centro histórico. Es un buen momento para acercarse a lugares como la basílica de Santa Croce, uno de los templos más importantes de la ciudad, símbolo del arte florentino y lugar de enterramiento de figuras históricas como Miguel Ángel, Galileo y Maquiavelo. Es una visita imprescindible y además puedes aprovechar para recorrer las calles cercanas y disfrutar del ambiente por última vez antes de marcharte. El David de Miguel Ángel, en Florencia. Para comer, lo más práctico es quedarse de nuevo por el centro. Puedes aprovechar para probar alguno de los platos que te hayan quedado pendientes, como la sopa di farro , elaborada con este cereal típico de la región, o repetir con algún plato de pasta fresca. Son comidas sencillas, pero muy representativas de la cocina local. Si todavía tienes algo de tiempo antes de ir al aeropuerto, puedes dedicarlo a una última visita, como el Palazzo Pitti y los jardines de Boboli, que fueron residencia de la familia Médici y se encuentran muy cerca del río. Con esto, comprobarás que gran parte de Florencia se puede ver en un fin de semana, pero será imposible evitar esa sensación de necesitar volver en alguna otra ocasión para retomarlo donde lo dejaste. Al menos, en dos días habrás conocido sus grandes iconos y, sobre todo, habrás entendido a la perfección por qué sigue siendo uno de los destinos más especiales de Italia.