El actor Kevin Spacey rescató un histórico escándalo de Hollywood y reflexionó sobre la cultura de la cancelación y su poder frente a la justicia en un discurso en Oxford que se ha vuelto viral. Porque la historia favorita de Hollywood es ver a un héroe caer y luego levantarse. El problema es que si el héroe no cae, hay que derribarlo. Por mucho que pese. En el caso de Roscoe 'Fatty' Arbuckle pesaba mucho, demasiado. Arbuckle era una de las estrellas más rentables y queridas del cine mudo, mentor de Charles Chaplin, descubridor de Buster Keaton, un tipo orondo al que se le daba muy bien, o al menos hacía con mucha gracia, de bebé, un señor al que le quedaban mejor que nadie las tartas estampadas en la cara. En 1921, Paramount Pictures , uno de los grandes estudios de Hollywood, firmó con él el mayor contrato de la meca del cine: pasaba a ser su estrella mejor pagada. Para celebrarlo, Arbuckle organizó, con algunos amigos, una gran fiesta en el hotel Saint Francis. Todo se torció, cuando, en plena Ley Seca y derramando alcohol por todas partes, otra actriz, Virginia Rappe , se desvaneció, cayó en coma y terminó muriendo desangrada. Fue por una perforación de vejiga, probablemente por un aborto anterior mal practicado. Pero todas las miradas apuntaban al divertido actor que necesitaba pocas palabras. El escándalo atropelló la imagen pública de Fatty Arbuckle, acusado de violación por una de las amigas de Rappe. El MeToo de la época, es decir, los guardianes de las esencias, se encargaron de dilapidarlo. A Hollywood se le atragantó tanto su historia que, a pesar de que la justicia limpió su nombre, en la industria se encargaron de engullirlo. Hubo tres juicios, los dos primeros nulos; en el tercero, el jurado lo exoneró en un minuto y emitió unas disculpas públicas: «Sentimos que se ha hecho una gran injusticia con él... no había la más ligera prueba para acusarle de la comisión de un crimen». Seis días después de su arresto, Will H. Hays, azote de la censura en Hollywood, prohibió oficialmente que Arbuckle volviera a trabajar en el cine. El veto duró al menos una década, pero solo pudo sobrevivir en la industria con cortos y el nombre de su padre, William B. Goodrich, con el que intentaba bromear que sería bueno (la abreviatura era Will B. Good). Keaton siempre lo apoyó, diciendo que era el «alma más pura» que había conocido. No sirvió nada. «Solía creer que la verdad vencería, que los hechos hablarían más fuerte que el ruido. Una vez que se lanzan acusaciones, los hechos no importan. No quieren la verdad, quieren un villano», proclamó Kevin Spacey en un discurso en la Oxford Unión Society. El actor, cancelado en Hollywood por una serie de acusaciones de agresión sexual a hombres de las que ha sido absuelto, escenificó, con gran ambigüedad, el enorme paralelismo entre su caso y el de la leyenda del cine mudo , a quien, dijo, a pesar de su inocencia consideraron un «inconveniente» por ser «una estrella legendaria, excéntrico y que no seguía sus reglas». Kevin Spacey pasó de ser uno de los más respetados actores de su generación, ganador de dos premios Oscar por 'Sospechosos habituales' y 'American Beauty', a un apestado, un paria, tras ser acusado de agresión sexual en 2017 por numerosos hombres. La corriente del MeToo, de los abusos cometidos por el productor Harvey Weisntein, se lo llevó por delante, desintegró su carrera, en la cumbre de los inicios del 'streaming' con su icónico Frank Underwood en 'House of Cards', de Netflix, a pesar de que, una por una, las causas que se abrieron se archivaron, se retiraron los cargos, fue absuelto de responsabilidad civil o, directamente, declarado no culpable por diferentes tribunales. «En este negocio la verdad no te redime, avergüenza a las personas que se equivocaron contigo y, por ello, te entierran todavía más profundo», reflexionó Spacey en su discurso del 1 de diciembre. Las películas de Arbuckle fueron retiradas de las salas y algunas copias fueron destruidas. De la noche a la mañana, el cómico más querido de América se convirtió en persona non grata. Nunca se recuperó, ahogando en el alcohol la ambición que antaño había dedicado al negocio.