Desde sus orígenes, el dolor ha sido casi un rito de paso en el mundo del tatuaje. Aguantar la molestia producida por la aguja formaba parte de la experiencia, del relato posterior y para algunos, incluso del valor simbólico de llevar la piel marcada . Sin embargo, esta es una idea que comienza a resquebrajarse. En España, el tatuaje con sedación médica o anestesia era una práctica poco conocida que ha comenzado a ganar peso, planteando un nuevo escenario que va más allá de la tolerancia al dolor. No existe una única forma de abordar esta técnica novedosa. Al contrario, los dos primeros estudios de tatuaje que han apostado por ella en nuestro país lo han hecho desde modelos muy distintos, adaptados a sus propias convicciones y recursos. El estudio de Miguel Bohigues en Aldaia(Valencia) ha apostado por incorporar una sala de sedación médica dentro del propio local, mientras que el estudio madrileño La Manuela Tatto, de David Sanjusto, ha decidido trasladar el proceso del tatuaje directamente al quirófano de un hospital. Estos dos proyectos innovadores están permitiendo que el tatuaje sin dolor comience a consolidarse como una opción real. En Europa, los españoles son pioneros en esta práctica , y la referencia de la que tomaron inspiración es el tatuador murciano Joaquín Ganga , quien comenzó a realizar este tipo de tatuajes sin dolor en su estudio de Los Ángeles, consiguiendo una gran repercusión con la publicación de sus trabajos en las redes sociales. Bohigues acudió a su estudio para conocer la técnica, y decidió replicarlo en el suyo, donde ya ha hecho trabajos de grandes dimensiones para personajes conocidos como los futbolistas José Gómez Campaña, Javier Martínez o Lucas Hernández. En el caso del estudio valenciano, el tatuaje se realiza utilizando sedación intravenosa consciente , una técnica médica donde se administran fármacos para inducir un estado de relajación profunda en el paciente. De esta forma el cliente entra en un estado de semiinconsciencia, no siente dolor y, al despertar, no recuerda el proceso. Antes de llegar a ese punto, todos los clientes pasan por una evaluación médica previa con el anestesista para descartar riesgos. «He tenido que hacer una obra completa en el estudio para montar una sala de sedación que cumple exactamente con lo que exige Sanidad «, explica Bohigues. Este modelo ha permitido replantear por completo la forma de abordar grandes proyectos. El tatuador valenciano explica que en una sola sesión— de unas ocho horas en total, incluyendo preparación y recuperación— pueden trabajar hasta cinco tatuadores a la vez , cada uno encargado de aquello en lo que destaca: retrato, sombras, fondos o texturas. La ventaja que presenta esta técnica es evidente: proyectos de tatuajes que normalmente requerirían múltiples sesiones repartidas en meses o incluso años pueden concentrarse en una sola jornada . Para los clientes que viajan desde otros países, el beneficio resulta aún mayor: menos viajes y un coste similar al de realizar el tatuaje de forma tradicional en varias sesiones. A varios cientos de kilómetros, en Madrid, el enfoque es distinto. En La Manuela Tatto , el estudio dirigido por David Sanjusto, el tatuaje sin dolor no se realiza dentro del propio local. «Nosotros no hacemos tatuajes con sedación aquí. Todo se hace en un hospital, en quirófano «, explica. El proyecto nació a raíz de una experiencia personal del tatuador. Sanjusto sufrió una lesión de espalda en su juventud que le dejó una mayor sensibilidad en la zona. Esto ha provocado que los tatuajes que se ha hecho desde ese momento supongan un verdadero reto a superar. « Yo pensaba que el tatuaje dolía así para todo el mundo« , recuerda. Su objetivo inicial era ayudar a personas en su misma situación a manejar la experiencia del dolor durante la sesión de tatuaje, y buscando encontró la solución definitiva con esta técnica. Para él, trasladar el proceso a un entorno clínico es una una premisa básica . En su estudio participan entre cuatro y cinco personas, contando tatuadores del propio estudio y personal sanitario. «Cinco suele ser el máximo, más que nada por el espacio», explica Sanjusto. Cuentan con un anestesista , con el que el estudio trabaja de forma habitual y que se encarga de dormir al paciente y de supervisar todo el proceso médico, mientras los tatuadores realizan el trabajo artístico. El tipo de sedación utilizada depende del proyecto, ya que en aquellos especialmente largos, se combinan técnicas para limitar el tiempo bajo anestesia general . «La sedación se puede mantener como máximo cinco o seis horas, y luego las dos horas que quedan se hacen con anestesia general». El objetivo, según explica, es limitar el tiempo bajo anestesia general , ya que «cuantas más horas estés dormido, más costoso será despertarse luego». Además, todo el proceso se realiza con el mismo equipo de principio a fin, algo que el estudio considera clave para la seguridad y el seguimiento posterior del tatuaje. Aunque la técnica aplicada sea diferente, ambos modelos coinciden en la idea de que los beneficios de los tatuajes con sedación no se limitan a la ausencia de dolor. Sanjusto destaca que la relajación completa del cuerpo producida por la medicación administrada durante la sesión reduce la tensión en el cuerpo, lo que permite tatuar sobre una piel relajada , reduce la inflamación posterior y facilita el proceso de curación. «Tengo clientes que salen de la sesión y me dicen: No parece que me haya tatuado», explica el tatuador madrileño. Según su experiencia en los más de 33 tatuajes realizados con sedación o anestesia , la fijación del pigmento también mejora. «Los negros se impregnan mejor en la piel y la curación es más sólida y mejor». Bohigues cuenta también que más de un cliente le ha confesado que resulta más dolorosa una pieza pequeña al estilo tradicional, que una espalda entera realizada con sedación. Otro aspecto que genera cierta controversia es si la sedación debe emplearse únicamente para tatuajes de gran envergadura y zonas delicadas (costillas, espalda) o si por el contrario se puede emplear para cualquier tipo de grabado. «Para tatuajes pequeños, como un antebrazo o una pieza pequeña, no tiene sentido usar sedación, yo creo que para este tamaño la persona tiene que aguantar el dolor», comenta Bohigues. Importa también el coste: «Aunque te quieras hacer un brazo o un hombro, si vas al quirófano tienes que pagar todos los costes que implica este servicio». En España, esta clase de tatuajes suelen situarse en un rango aproximado de 5.500 a 12.500 euros , dependiendo del tamaño, la zona del cuerpo, la complejidad del diseño y el tipo de anestesia utilizada. A modo comparativo, en Estados Unidos los costes son mucho más elevados : las sesiones con sedación oscilan generalmente entre 24.500 y 50.000 dólares, pudiendo superar los 100.000 dólares en proyectos de gran escala. Dentro del mundo del tatuaje siempre ha existido un sector que concibe el dolor como una parte indivisible del proceso de tatuarse . Bohigues considera este argumento obsoleto. «Es como decir que quieres menos a tu hijo porque nació con epidural. Es absurdo», afirma el tatuador. ¿Es esta práctica el futuro del tatuaje? Ninguno de los dos plantea como un sustituto del método tradicional. « Será un servicio más », cree Bohigues. »Esto se va a replicar seguro, pero no todo el mundo está dispuesto a hacer la inversión ni asumir la responsabilidad». David considera que «es necesario ser prudentes. Al final es algo que estás tocando piel, estás tocando medicina , estás tocando algo que es para siempre. Esto hay que hacerlo con lógica y responsabilidad ». Mientras tanto, el dolor ha dejado de ser una frontera infranqueable y el tatuaje continúa explorando nuevos límites y reinventándose.