La notable ausencia de flamencos en el Parque Natural de la Albufera durante este año ha generado sorpresa entre los visitantes habituales. Sin embargo, la explicación no está relacionada con un empeoramiento del estado del humedal, sino con un fenómeno natural más amplio, según ha explicado Ana Valentín, delegada de SEO/BirdLife en el programa 'Mediodía de COPE Más Valencia'. La razón principal de que no se observen las grandes concentraciones de años anteriores es que las recientes lluvias han creado una mayor disponibilidad de hábitats acuáticos en la península. Esto ha provocado una distribución de la población de flamencos por otros humedales de la península, como Doñana o las lagunas de Manjavacas. Ana Valentín aclara que la población simplemente se ha repartido. "Este año sí tenemos flamencos, pero no en las grandes cantidades de flamencos que hemos visto en años anteriores, porque hay mucho más hábitat disponible", ha señalado. Aunque el flamenco es una especie bandera por su vistosidad, Valentín subraya que no es la más representativa del estado de la Albufera. Especies como la focha común, la focha cornuda o el pato colorado están más vinculadas a la buena calidad del agua y son mejores indicadores de la salud del ecosistema. Los flamencos tienen una distribución mediterránea y utilizan la Albufera como parte de una extensa red de humedales en sus rutas migratorias. "Pueden llegar a volar en un único día 200 kilómetros", lo que demuestra que el parque valenciano es una parada más en sus largos viajes. A pesar de que la situación de los flamencos no es una señal de alarma, la delegada de SEO/BirdLife ha insistido en que el parque natural se encuentra en un estado crítico desde hace tiempo. La solución, afirma, pasa por "una mejor calidad y más cantidad de agua" para impulsar la recuperación del lago. Valentín ha recordado que el ecosistema funciona como una cadena trófica: si un eslabón falla, como la calidad del agua, toda la cadena se desequilibra afectando a plantas, vertebrados y aves. Por ello, es necesaria "una apuesta firme por la mejora de la calidad y la cantidad de agua". Finalmente, la experta ha apuntado a un factor adicional que podría influir en la menor presencia de estas aves: la presión humana. En años de gran afluencia, el acoso de los visitantes para fotografiarlos les provocaba estrés y un "gasto de energía que les impide ganarse el sustento del día", por lo que ahora podrían optar por humedales más tranquilos.