Hipospadias: una cirugía en la infancia que condiciona la vida adult

El hipospadias se produce cuando el orificio de la uretra —el conducto por el que se expulsa la orina— no se sitúa en la punta del glande, sino en una posición más baja del pene, e incluso en los casos más complejos puede localizarse aún más bajo, entre los testículos. Generalmente se suele asociar curvatura peneana y alteraciones del prepucio. Aunque pueda parecer un problema exclusivamente anatómico o estético, sus consecuencias pueden ser funcionales (miccionales, sexuales y reproductivas) y manifestarse años después si no se corrige de forma adecuada. El Dr. Agustín Serrano Durbá, urólogo infantil en Valencia, afirma que no se trata solo de una cuestión estética, sino de una alteración que puede condicionar la calidad de vida futura si no se aborda correctamente desde la infancia. La intervención tiene como objetivo reconstruir la uretra hasta situarla en la punta del glande, corregir la incurvación y permitir una micción y una función sexual normales en la edad adulta. No existe una técnica única válida para todos los pacientes: la elección depende del tipo de hipospadias y de las características anatómicas de cada niño. En las formas más leves puede resolverse en un solo tiempo quirúrgico, mientras que en los casos más severos puede ser necesario realizar la reparación en dos fases para garantizar mayor seguridad y mejores resultados a largo plazo. Se trata de una cirugía de alta precisión que exige experiencia específica. Tal y como explica el Dr. Serrano Durbá, jefe de la Unidad de Urología Infantil y Cirugía del Hipospadias del Hospital Casa de Salud de Valencia, es fundamental trabajar con tejidos e injertos muy delicados, preservar cuidadosamente la vascularización y evitar tensiones en la sutura para disminuir el riesgo de complicaciones. Habitualmente se coloca un pequeño catéter temporal que protege la nueva uretra durante el proceso de cicatrización y favorece una correcta consolidación de la reconstrucción. La intervención suele realizarse entre los 12 y los 18 meses de vida. En esta etapa, la elasticidad de los tejidos favorece la reparación y el niño puede desarrollarse sin limitaciones derivadas de la malformación. La calidad de la primera cirugía es determinante. Cuando la reconstrucción inicial no es óptima pueden aparecer complicaciones como fístulas urinarias, estrechamientos de la uretra o persistencia de la curvatura. Estas situaciones pueden requerir nuevas intervenciones, que resultan técnicamente más complejas debido a la cicatrización previa. Por ello, la experiencia en urología infantil y una planificación quirúrgica individualizada son fundamentales. En definitiva, una cirugía bien indicada y correctamente ejecutada en la infancia es la mejor garantía de calidad de vida en la edad adulta, evitando problemas funcionales y asegurando un desarrollo normal.   Dr. Serrano Durbá - Hospital Casa de Salud C/ Dr. Manuel Candela, 41, Valencia. 960259140 / 963897701 urologiainfantildrserrano.es