Teresa de Calcuta: «A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota»

Aunque sintamos que nuestro aporte individual al mundo es mínimo, es esencial e indispensable para lograr un impacto colectivo mayor, como una gota hace al mar. Así lo afirmó Teresa de Calcuta. La santa vivió casi 90 años entregada a los demás y a la mejora de su pequeño barrio en India. Los que la conocieron en persona vieron que se comportó como una verdadera madre con quien tuvo a su alrededor. Desde muy joven se dio cuenta de que su ayuda podría ser crucial para sacar de la pobreza y la soledad a los miles de personas que sufrían en la ciudad India. Ella sola no iba a cambiar la realidad del país entero, pero sí podría tocar la vida concreta de aquellos con quien se encontrara cada mañana al pasear por las calles. «A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota», así respondía Madre Teresa de Calcuta a quienes le preguntaban qué sentido tenía entregar la vida al servicio de los más pobres entre los pobres. Esta frase se puede llevar a la realidad de cada uno, desde Calcuta a nuestro país, y ser de inspiración para aquellos que sientan que sus esfuerzos por mejorar el mundo no encuentran una respuesta contundente. Este mensaje de la misionera de la caridad pone en el centro la importancia del esfuerzo personal. Ninguna acción bondadosa es insignificante, por pequeña o discreta que parezca. En el trato con los pobres, con los vecinos o los compañeros de trabajo, un pequeño gesto bien intencionado puede ser la chispa que encienda un gran fuego. El refranero español -fuente de sabiduría para muchos- respalda esta mentalidad de Santa Teresa con frases populares, como 'Poco a poco, se hace mucho', 'Gota a gota, la mar se agota' o 'Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero'. Teresa de Calcuta promovió este sentido de servicio en todo el mundo y llegó a rincones inusuales para una monja india. Recibió el Premio Nobel de la Paz en 1979 y entabló amistad con otros grandes personajes de su tiempo, como Juan Pablo II o la princesa Diana de Gales. Dejó fundada la congregación de las Misioneras de la Caridad, que vela en muchas partes del mundo por el cuidado de los marginados e indefensos. Murió en 1997 y dejó un fuerte ejemplo de servicio, abnegación y concordia. Es un ejemplo de santidad, pues en 2016 fue canonizada -reconocida como santa- por el Papa Francisco.