Unas 150 personas han podido adentrarse en el refugio antiaéreo del cuartel General Luque y conocer qué otros vestigios quedan de estas construcciones de defensa pasiva que llegaron a Inca de forma tardía, a partir de 1938, cuando las bombas ya habían caído sobre la ciudad en tres ocasiones en 1936, nada más estallar la Guerra Civil española.