‘Yellow Letters’, de Ilker Çatac, gana el Oso de Oro en una clausura de la Berlinale marcada por el genocidio en Palestina

El festival concluye con el jurado manteniendo su postura y varios discursos criticándola y pidiendo que Alemania condene las atrocidades de Israel Javier Bardem, Paul Laverty y Tilda Swinton, entre otros, piden a la Berlinale que no sea “cómplice de la violencia contra los palestinos” La Berlinale ha estado marcada, de nuevo, por el genocidio en Palestina. La negativa del certamen a condenarlo desde hace tres años y las palabras del presidente del jurado, Wim Wenders, asegurando el primer día de festival que el cine debe “mantenerse al margen de la política”, encendió de nuevo un fuego que se ha extendido hasta su clausura. Por el camino, cancelaciones de visitas por este motivo, cartas de cineastas y actores quejándose de la actitud de la Berlinale y una edición sepultada por la polémica y la tensión que ha coronado al director alemán de origen turco Ilker Çatac con el Oso de Oro por Yellow Letters. Una decisión irónica la del jurado, ya que la película plantea precisamente el debate sobre mojarse políticamente o no y sus consecuencias en un mundo donde los totalitarismos campan a sus anchas. Çatac plantea una Alemania que es un trampantojo de Turquía y cuenta cómo la decisión sobre hasta dónde posicionarse contra el gobierno puede ser una fractura en una familia de artistas. Es curioso que si el cine debe mantenerse alejado de la política se haya premiado a un filme que hace radicalmente lo contrario. Eso sí, el cineasta no quiso mojarse al recoger el premio. Dijo que había escrito un discurso político, pero que mejor se lo dedicaba a los “héroes” que habían hecho posible la película. Su productor abogó por rebajar la tensión diciendo que los cineastas no deben luchar entre ellos, porque “la amenaza está fuera, es la derecha que llega al poder”. “Luchemos contra ellos, no contra nosotros”, zanjó. Poco antes, Wim Wenders había continuado su mensaje del primer día defendiendo “el lenguaje del cine” frente al de las redes sociales. La tensión que se notó en la clausura estuvo desde el primer minuto, cuando la presidenta del festival reconoció que había sido un año complicado, pero que las críticas “significan que lo que hacemos le importa a la gente”.“Respetamos a quienes se pronuncian, porque a veces hace falta mucho valor para hacerlo. No siempre estamos de acuerdo con cada afirmación que se hace sobre nosotros. Pero de lo que estoy realmente, realmente orgullosa es de que, durante estos diez días, el Festival Internacional de Cine de Berlín ha seguido siendo lo que se propuso ser: un lugar donde la gente se reúne en público y donde todos son bienvenidos, más allá de sus diferencias”, añadió. Sandra Huller con su Oso de Plata a la Mejor interpretación protagonista por 'Rose' Tras sus palabras, varios de los premiados (no en la Sección Oficial) si aprovecharon para mostrar su rechazo a la posición oficial de la Berlinale y de su jurado. Marie-Rose Osta, que logró el premio al mejor cortometraje por un trabajo en donde plantea una fábula sobre dos niños palestinos con poderes para derribar aviones israelís. “En realidad, los niños de Gaza, de toda Palestina y de mi Líbano no tienen superpoderes que los protejan de las bombas israelíes. Ningún niño debería necesitar superpoderes para sobrevivir a un genocidio potenciado por el derecho de veto y el colapso del derecho internacional”, dijo al recoger su galardón. El momento más tenso fue cuando el cineasta palestino-sirio Abdallah Alkhatib, que ganó el premio a la mejor Ópera Prima por Chronicles From the Siege acusó al Gobierno alemán de ser “cómplice del genocidio por parte de Israel” en la Franja de Gaza. “Algunas personas me dijeron que quizá debía tener cuidado antes de decir lo que voy a decir ahora, porque soy refugiado en Alemania y hay muchas líneas rojas. Pero no me importa. Me importa mi pueblo, me importa Palestina. Así que dirijo mis últimas palabras al gobierno alemán: ustedes son cómplices del genocidio en Gaza por parte de Israel”, aseveró y acabó su discurso diciendo: “Creo que son lo suficientemente inteligentes como para reconocer esta verdad, pero eligen no hacerlo. Palestina libre, desde ahora y hasta el fin del mundo”. Tras sus palabras, y con el recuerdo de hace dos años cuando el alcalde de la ciudad dijo que la ceremonia había sido antisemita por el discurso de los directores del documental No other land, la moderadora de la gala, la actriz Désirée Nosbusch tuvo que intervenir: “El cine a menudo refleja los conflictos de nuestro mundo y, por supuesto, también el profundo dolor que tememos y que sentimos. Estas son las voces de los artistas y los cineastas. Y eso no necesariamente refleja la postura del Festival Internacional de Cine de Berlín como institución”. Más allá de las polémicas, el palmarés de la Sección Oficial dejó premios para varias de las favoritas. Queen at sea se llevó el Premio del jurado para Lance Hammer y de mejores interpretaciones de reparto para Anna Calder-Marshall y Tom Courtney. Sandra Huller, protagonista de Anatomía de una caída y La zona de interés, ganó el de Mejor interpretación protagonista por Rose. Nina Roza, una de las películas mejor recibidas del certamen, logró el premio al Mejor guion. Sorprendieron más los Osos de Plata a Mejor dirección para Grant Gee por Everyone Digs Bill Evans y el Gran Premio del Jurado para Salvation. Sobre todo porque habían dejado fuera a dos de las películas que más habían gustado: Moscas, de Fernando Eimbcke, y We are all strangers, de Anthony Chen. El mexicano recogía la mañana del sábado el premio del jurado ecuménico, y quizás sabiendo que no subiría al escenario más tarde aprovechó para denunciar el genocidio en Gaza y volver a remarcar que el cine, diga lo que diga la Berlinale, es político.