Bujalance fue la 'Gernika' del sur (y no Cabra)

Este pueblo de Córdoba fue una de las primeras víctimas de las actuaciones de la Legión Cóndor en España, el escuadrón de aviones que los nazis enviaron a Franco y que provocó decenas de víctimas en un bombardeo de diciembre de 1936 Reportaje - Bujalance: cuna de la Torre de Pisa andaluza El 20 de diciembre de 1936 iba a ocurrir la caída de Bujalance en manos de los franquistas, durante la llamada “ofensiva de la aceituna”. Pero lo que ahora nos ocupa es el gran bombardeo que sufrió la localidad el día 14 del mismo mes. En mi libro La guerra civil en Córdoba (p. 497) ya anticipé algo de este tema. Empezaba con el testimonio de un anarquista de Fernán Núñez, refugiado en Bujalance, Francisco Verdú : “Una mañana del mes de diciembre (día 14), cuando nos dedicábamos a nuestro trabajo tranquilamente, nos sorprendió el ruido de tres aviones que sobrevolaban el pueblo, y sobre las diez de la mañana empezaron a sembrar el terror y la muerte entre la población civil. Esto duró todo el día, pues, cuando terminaban estos tres aviones, los relevaban otros tres, de manera que era imposible acudir a socorrer a los heridos entre los escombros. Cuando llegó la noche no se escuchaban más que lamentos. Todos nos movilizamos para acudir a los casos más urgentes. Y así pasamos toda la noche, a fin de salvar el máximo de vidas inocentes. Al día siguiente, y a la misma hora, idéntica operación de desmoralización sobre la población civil, de modo que se decidió la evacuación. Al tercer día, 20 de diciembre, era ya muy poca la gente que permanecía en Bujalance.” (Carta desde Francia, 27-8-1983). Todo era cierto sobre la gravedad del bombardeo, del que apenas se poseen datos en fuentes republicanas, pero sí en fuentes franquistas, en los conocidos Documentos del General Cuesta (DGC), donde se consigna el bombardeo de Bujalance el 14 de diciembre de 1936, con un balance, cifrando por lo mínimo, de 100 muertos y 200 edificios destruidos. Lo que no se explicita es que fue un ensayo destructor de la Legión Cóndor alemana. Sin embargo, todo ello resulta prehistoria, cuando recientemente hemos conocido algunas publicaciones alemanas sobre la Legión Cóndor en España, pista sobre la que me ha puesto Juan Antonio Cuestas . En 2014 nos ha llegado el libro La guerra como aventura. La Legión Cóndor en la guerra civil española 1936-1939, de Stefanie Schüler-Springorum . Ahí, entre otros contenidos, se puede leer que “en total, entre diciembre de 1936 y marzo de 1937, las escuadrillas de combate y las escuadrillas de bombardeo experimental de la Legión tuvieron entre 1.000 y 1.200 misiones en terreno enemigo”. A continuación detallan que los pueblecitos quedaban destruidos a las primeras pasadas y quedaban envueltos en polvo, y las personas supervivientes echaban a correr, pero… “Lanzábamos bombas de metralla, hasta que dejaban de correr, y entonces arrojábamos las bombas incendiarias a las ruinas…” , para que no quedara títere con cabeza. Experimentación destructiva que no se dio en la ciudad de Cabra en 1938, sino la torpeza mezclada con la mala información, entre otras deficiencias. Obsérvese cómo la intencionalidad de los alemanes es “la desmoralización de la población civil”. En ningún caso hablan de objetivos militares. Por otra parte, existía un plan de experimentación sobre los efectos de la nueva aviación y la nueva munición. Esto nada tiene que ver con los objetivos y prácticas de la aviación republicana. Wolfram von Richthofen, jefe de la Legión Cóndor. Bajo el apartado “Experimentos en Andalucía”, basándose en los escritos y en el diario de Richthofen , en el libro citado se alude ya a las fechas trágicas de Bujalance: “… después de que el propio Richthofen ordenara el bombardeo de Bujalance, Montoro y El Carpio, el 14 de diciembre de 1936, pudieron examinar las consecuencias de las bombas desde el aire, y una semana más tarde, una vez tomados los pueblos, analizarlos con detalle y documentarlos fotográficamente”. A continuación, se detalla expresamente que “El 14 de diciembre cayeron 120 bombas de 50 kilos cada una, solo en Bujalance; en el ataque fallecieron 120 personas, habitantes del pueblo y soldados, y hubo numerosos heridos” . Más adelante se precisa que “… no sólo Queipo, sino también otros generales españoles intentaron servirse del manifiesto deseo de experimentación de los alemanes e instrumentalizarlo para sus propios propósitos, y así hicieron que el legendario Stuka, el bombardero en picado, entrara por primera vez en acción en Córdoba” . En diciembre de 1936 Bujalance se hallaba abarrotado de refugiados de toda la Campiña cordobesa, de Espejo, Montilla, Castro del Río, etc. Por tanto, es imposible cuantificar o identificar a las víctimas de esta multitud de forasteros, a los que había que sumar otra multitud de tropas variopintas, regulares y milicianas, que estaban al mando del comandante Pérez Salas , el cual debió de ser el que ordenó la evacuación. El cuartel de las Milicias se hallaba en la actual Plaza de Andalucía. La contribución de sangre de Bujalance en aras del golpe militar no fueron solo las 120 de la Legión Cóndor el 14 de diciembre de 1936, sino que de muchas más, sepultadas bajo los escombros, jamás se tuvo noticia, como de otras que fueron arrasadas fugitivas por el campo en medio de las terribles pasadas aéreas, despedazadas entre los olivos, para risotadas de Richthofen y de los pilotos nazis. Jamás serán computadas por la historia. Tras los tres años de guerra y la larga posguerra, nadie tomó nota ni de los hechos ni de las personas ni de los nombres. Tras la victoria de 1939, se fusiló en Bujalance a 55 personas más. Otras 28 en la capital, 22 abatidas en el maquis, 3 en los campos nazis, 13 en la prisión de Córdoba, entre otros casos. Total de la posguerra, 127 víctimas que sepamos, más ese mínimo de las 120 del bombardeo de 1936 (más esos “desaparecidos”, que echaban a correr y les arrojaban bombas hasta que “dejaban de correr”). Por tanto, Bujalance fue castigado, sin duda, mucho más que la ciudad de Cabra. Uno de los pilotos alemanes que visitó Bujalance por aquellos días fue Hannes Trautloft , que publicó su diario de guerra nada más volver a Alemania, en 1939, bajo el título Piloto de caza en la guerra de España. Diario de un legionario alemán (de 1939, publicado en España en 2020). Este piloto viajó a Córdoba en diciembre de 1936. Señala que todos los puentes se hallaban volados y los pueblos derruidos: “… Especialmente malo es el aspecto de Bujalance. Aquí primero actuaron nuestros bombarderos… ninguna casa ha quedado entera… En la torre de la iglesia de Bujalance los rojos emplazaron a 80 metros de altura un nido de ametralladora… Villa del Río y Lopera se llaman los pueblos que las tropas del general Franco han tomado justo ayer… A ambos lados de la carretera yacen caídos, por lo general rojos… Numerosos camiones van cargados hasta arriba con enseres domésticos, camas, sillas, sartenes, cuadros, cántaros, todo está revuelto y en desorden… todavía corretea por ahí toda clase de animales, cerdos, gallinas, que ahora son requisados por los soldados del general Franco” (pp. 130-132). “En Villa del Río nos presentamos al comandante… Aquí, nos cuenta, el frente rojo está mantenido por las Brigadas Internacionales. Se baten bien, pero en los últimos combates han sufrido considerablemente”. Y refiere el caso de un brigadista inglés prisionero, al que se le ha requisado una Biblia, un regalo de navidad que le había enviado su madre “con los mejores deseos”. Estas fuentes alemanas son determinantes para explicar las actuaciones destructoras de los bombardeos de la Legión Cóndor. Primero , los bombardeos rasantes para abrir los edificios; después , los ametrallamientos del personal civil, “contra los que corrían, hasta que dejaban de correr”. En tercer lugar , los bombardeos incendiarios, siempre echándoles la culpa de los incendios a “los rojos”. Cuarto , las actuaciones se hacían, no contra objetivos militares, sino para “la desmoralización de la población civil”. Por último , los bombardeos alemanes se hacían en forma de experimentación, para comprobar la eficacia de los nuevos aparatos y las nuevas municiones. La similitud de lo ocurrido en Gernika y en Bujalance resulta evidente. En cambio, si todas estas características se cotejan con lo ocurrido en el bombardeo de la ciudad de Cabra, no existe parangón posible. Recientemente, Juan Antonio Cuestas ha publicado un artículo sobre el bombardeo del 14 de diciembre de 1936 (Revista Adalid , n. 8, dic. 2024, Bujalance), con un magnífico trabajo de campo de recogida de testimonios de los entonces niños, hoy nonagenarios, los cuales ponderan el arrasamiento de Bujalance tras las diversas pasadas de los bombarderos de la Legión Cóndor a 600 metros de vuelos rasantes. Algunos hablan de caminar por las calles en medio de cadáveres. En cuanto llegó la noche, y al día siguiente, se organizó la evacuación total de Bujalance: “La carretera de Villa del Río, llenita de gente andando, cargados con lo que podían, otros buscando a los suyos. Porque ese día que salíamos nos bombardeaban también. Pasamos la noche en la Estación de Villa del Río”. Contaban no solo el estruendo de las bombas, sino también el “terrible tableteo de las ametralladoras”. Para la cuantificación de las víctimas no conocemos fuentes españolas (El Registro Civil quedó truncado desde el 14-12-1936 hasta febrero de 1937. Años después se inscribió, fuera de plazo, a una veintena de víctimas del bombardeo, sobre todo niños, señala Cuestas . De momento, solo contamos con las fuentes alemanas, en torno a la cifra inicial de 120 muertos y “muchos heridos”. Así aparece también en el diario de Richthofen , publicado en 1944, cuando murió a causa de un tumor cerebral ( La guerra como aventura…, de Schüler). No hace mucho ha escrito sobre el tema otro hispanista alemán, Walther L. Bernecker (“Gernika y Alemania: debates historiográficos”, en Historia Contemporánea, 35, 2007, p. 513), anotando: “Richthofen estaba personalmente en uno de los aviones bombarderos, y parece ser –según su diario- que tuvo ‘una extraña sensación al ver por primera vez (caer) bombas sobre hombres (concretos)’”. Con relación al bombardeo republicano de Cabra, de 7-11-1938, las circunstancias son muy diferentes. En mi archivo me encuentro con un documento de la Cruz Roja sumamente esclarecedor. Se trata de un informe redactado en enero de 1939 por el que fuera primer alcalde franquista de 1936 en Cabra, director del Instituto y ferviente apologista del Régimen, Ángel Cruz Rueda . El Informe está dirigido al Secretario de la Junta Suprema de la Cruz Roja en Burgos, con fecha 17-1-1939 “(Tercer Año Triunfal)”. Primero se introduce, con estilo inflado, sobre la ciudad de Cabra, Parnaso de las Letras, cuna de Juan Valera, que “En 1936 se puso decididamente, desde el primer día, al lado del Generalísimo Franco, considerándole representante y guía de la verdadera España” . El estilo es tan retórico que el Secretario de Cruz Roja en Burgos le responde diez días después sobre la recepción del Informe: “En él quedan bien de manifiesto las circunstancias del criminal bombardeo de esa Ciudad y lo ílustre de su prosapia” . Esto último, la “prosapia”, no sabemos si con “retintín”. De todas formas, los datos son minuciosos al extremo. El bombardeo ocurrió el lunes 7-11-1938, a las 7’30 de la mañana. Operaron tres monoplanos bimotores “Sofía-Katiuska, en formación de patrulla en cuña, por la zona del Calvario. Dejaron caer unas 30 bombas rusas, de una potencia entre 30 y 48 kilos, de las cuales explotaron ‘veintitantas’… En la plaza de Abastos los muertos fueron ”treinta y tantos“ . En una taberna frontera fallecieron 13. En la calle Jaquotot, murió un niño. En la calle Muñiz Terrones, murió un teniente de Regulares. En la plaza de Calvo Sotelo destruyeron el surtidor de gasolina. En la zona del Campo de Concentración que existía con 112 prisioneros, mataron a 2 prisioneros y a 10 militares que los custodiaban. Hubo varios muertos entre los refugiados en el antiguo cuartel de la Guardia Civil. El total de víctimas fue de 107. Heridos, un centenar. El citado Informe se hace con un fin propagandístico indudable, no solo con destino a la Cruz Roja, sino también para “la Prensa forastera y española”. Se hace hincapié en que “Periodistas extranjeros y españoles nos distinguieron con su visita –así como Autoridades de la capital-… y los enviados especiales de Prensa y Propaganda del Gobierno del Reich” . Portada del libro de Hannes Trautloft, publicado en 1939. Lo que no menciona el Informe son los fusilamientos cometidos en Cabra en 1936 por los entusiastas del Régimen. En mis libros sobre Córdoba, sobre todo en los cuatro últimos, he ofrecido un cómputo de los fusilados por el franquismo en Cabra, total que asciende a un mínimo de 117 víctimas , la mayoría en las cunetas de Cabra a Lucena, Priego o Monturque. Otros, en Priego, y algunos más en Córdoba capital, en el verano y otoño de 1936, debido al celo exterminador del comandante militar de la plaza de Cabra Francisco López Pastor y de su ayudante, que era peor, el teniente Roldán Écija , que sembró el terror en Rute y en Priego. De manera que “Gernika del Sur” con relación a Cabra, no corresponde al rigor de la historia, sin olvidar a los fusilados republicanos, que suman más, con el problema añadido de los “desaparecidos”, práctica habitual en 1936. La “Gernika del Sur”, según lo documentado, fue sin duda Bujalance, donde la perfección del exterminio de la Legión Cóndor no se puede comparar con unos aviones “Katiuskas” rusos, viejos, con menos bombas y de menos peso (20 bombas explosionadas, de 30 a 48 kilos, frente a las 50 bombas de 50 kilos, como mínimo, de la Legión Cóndor en Bujalance.