No quiero escuchar una voz ahí abajo, que diría el capataz. La Cuaresma alienta debates trascendentes y deleznables. Hablemos de estos últimos, que tantas veces se convierten en prioridad para bochorno cofradiero y alborozo del simple aficionado. Este año, preludio del que renovará las corporaciones municipales, es año de obras en la ciudad. También ha sido un año de lluvias (lagarto, lagarto de la Catedral en alto) y de Semana Santa tempranera. Sevilla está levantada en obras. En obras que además están rompiendo por fin la leyenda de su eternidad. Sabido es que obras y cofradías son agua y aceite y que cualquier levantamiento de loseta provoca dermatitis por ansiedad en la piel sensible de los diputados mayores de gobierno.... Ver Más