Hace poco escribía sobre la importancia de la autocrítica. A los políticos europeos y españoles en particular les hace falta ejercerla. La mayoría vive de espaldas a la realidad. Sus asesores les han construido un relato distópico, demagógico y pueril que no les funciona y que se asienta en enunciar una y otra vez del peligro de que la ultraderecha llegue al poder. Felipe González, al que acusan de desleal y gagá, atesora una clarividencia superior a sus compañeros de partido. Dijo de forma clara que Bildu –y me permito añadir a Sumar y Podemos– son ultraizquierda e igualmente temerarios. El relato del miedo a la ultraderecha es un argumentario que utilizan acusando al adversario de engordar a Vox. La diana es la desafección de la juventud por mor de una vieja política que los ha situado ante un presente poco halagüeño. Sueldos miserables en relación a la carestía de vida e imposibilidad de independizarse por la vivienda. Maltrato a los graduados que deben emigrar o aceptar humillaciones laborales. Su discurso rancio, vacuo, destructivo, insatisfactorio para la mínima inteligencia genera confusión y desesperanza. Los líderes son profesionales de la política que no han trabajado y con una preparación en muchos casos ridícula. No hay planificación ni rigor, ello comporta falta de proyecto de futuro. Hay sensación de caos, inseguridad, desesperanza. Todo ello conlleva un aumento exponencial de los denominados cabreados. De estos se nutre Vox, al igual que ocurrió antes con Podemos. El relato de que es ultraderecha no funciona. La podemización de un PSOE en descomposición no agrada a la mayoría. Feijóo será mejor presidente de lo que es ahora en la oposición. No genera entusiasmo. Pierde demasiado tiempo en destruir a Sánchez. Este ya lo hace solito. Debería explicar mejor cuál es su proyecto. Comunicarlo con optimismo. Generaría ilusión y expectativas. Los nacionalistas se alimentan de los regalos de Moncloa que cabrean a la mayoría al generar injusticia. De qué nos sirve una falsa libertad si no logramos salir tranquilos de casa. Nos la pueden ocupar y nos exponemos a ser atracados en plena calle. Este Gobierno legitima lo ilegal. Gratifica los que no son residentes ni han cotizado nunca y maltrata a los servidores públicos como médicos, cuerpos de seguridad y funcionarios. Exculpa y bendice a los okupas y castiga a los pequeños propietarios que con sudor y privaciones adquirieron una vivienda con cuyo alquiler se aseguran una vejez digna o les permite ayudar a los hijos. Esto alimenta a Vox. Sus votantes no todos son fachas. Son llantos de desesperación y socorro. Susurros de un futuro gris. Dejen el estercolero parlamentario. No les escucha nadie. Somos adultos. La evidencia del día a día no tiene nada que ver con lo que ustedes discuten. Afinen y gestionen nuestros problemas.