Evaristo Miguel Tur Enseñat es su nombre pero seguro que a la mayoría os suena más Michels. Todo un personaje, gran amigo y excelente profesional como fotógrafo. La primera noticia que tuve de él fue el 20 de enero de 1987, era domingo. Estaba en la redacción del diario Baleares y sobre las seis de la tarde llamó por teléfono un hombre que no conocía. Dijo llamarse Michels y que era el corresponsal del Port d’Andratx. Le saludé y pregunté por el motivo de su llamada. Confieso que cuándo respondió dudé sobre si tomármelo en serio. Así como el que no quiere la cosa soltó que tenía fotos de un chaval que sostenía en sus manos los restos de una pierna de mujer. Intuía lo de mujer por lo que parecían unas bragas de color negro que estaban medio enrolladas con el pie. Continuó hablando y dijo que había ocurrido en Cala Blanca. Dos amigos pescaban con caña y uno de ellos notó que algo le rozaba un pie. Pensó que era un pescado pero al meter la mano en el agua sacó una pierna, o mejor dicho, el esqueleto de una pierna. Cuándo las ví me dije a mí mismo que aquellas eran fotos surrealistas. Un chaval sonriente con ‘aquello’ en las manos, como si de un trofeo se tratara. Le pregunté cómo había conseguido las fotos y respondió que esas cosas son secretas y no me lo quiso decir. Se publicaron en el periódico al día siguiente y se inició un largo período de investigación policial y periodística. A los quince días aparecieron más restos humanos en la playa de ses Estanques, en ses Salines. Gracias a una dentadura se identificó a Dagmar Sprenger, una joven alemana que residía en Calvià desde hacía un año. El cuerpo sin vida de su novio, Winfried Brandt, apareció despeñado en sa Torre de ses Animes. Se calificó de suicidio pero no hubo manera de confirmarlo. Lo que sí se averiguó fue que Winfried mató a Dagmar y un hombre vino de Alemania para descuartizar el cadàver. Es una larga historia la de Dagmar que se ha recordado en reportajes del equipo de sucesos de Última Hora. Lo digo porque mi intención es que el protagonista de este artículo sea Michels. A finales de 1989 se tenían que hacer unas gestiones en Berlín relacionadas con el caso de Dagmar. Michels se subió a un avión y aterrizó en la capital germana. No pudo llegar al hotel porque se lo impedía una multitudinaria manifestación a la que decidió unirse porque no tenía nada mejor que hacer. Eran unos días convulsos en Alemania que acabaron con la caída del Muro. Michels no hablaba el idioma y el caso es que estuvo toda la noche manifestándose sin saber el motivo. Cuenta que eran decenas de miles de personas, había una réplica del becerro de oro y que estuvo en la Puerta de Brandenburgo. Decenas de fotos lo confirman. A la mañana siguiente contactó con Bartolomé del Amor, entonces sargento de la Judicial de la Guardia Civil de Palma. Se había desplazado a Berlín para seguir de cerca las gestiones que he comentado. Michels no había dormido pero como siempre hizo un trabajo formidable. Estos son sólo algunos rasgos de su profesionalidad. Y podría contarlos a cientos porque han sido muchos años de trabajar juntos. Su medio de transporte ha sido siempre un ciclomotor de 45 cc y siempre ha vivido en el Port d’Andratx. Aclaro eso como prólogo a otra anécdota. Un mediodía me llamó para decirme que se encontraba en Formentor. Horas antes lo que él definía como ‘un contacto’ le había dicho que un buque con un cargamento de vacas había embarrancado. No se lo pensó dos veces. Cogió la cámara, se subió a su Vespino y atravesó la Isla hasta llegar a Formentor. El buque transportaba un cargamento de vacas y al embarrancar muchas murieron. Para Michels, el gran Michels, ese largo recorrido había valido la pena porque tenía las fotos.