El cementerio de Trujillo, conocido históricamente como el cementerio de la Vera Cruz, constituye uno de los espacios patrimoniales más elocuentes de la ciudad para comprender la relación entre arte, religión, sociedad y memoria colectiva. Más allá de su función funeraria, este recinto se erige como un auténtico museo al aire libre en el que conviven arquitectura, escultura y simbología, reflejando las creencias, aspiraciones y jerarquías sociales de las distintas épocas en las que fue configurándose.