La inesperada resurrección de la bombona de butano por la crisis de la vivienda

Cargar con los 12 kilos y medio que suele pesar una bombona no parece ser el método más agradable para tener agua caliente, calentar nuestra casa o cocinar, pero sí es una de las alternativas más baratas frente al resto de instalaciones -gas natural, calefactores eléctricos, etc.- de los que dispone un hogar. Por eso, el uso butano se está consolidando como un refugio energético frente a una realidad económica tan real como la actual: la crisis de la vivienda, con precios disparados, que empuja al alquiler más estacional y cuyos propietarios van eligiendo cada vez más la bombona como fuente de energía. La situación por la que atraviesa el arrendamiento en España se ha convertido en uno de los aliados que ha encontrado el butano, una modalidad energética a la que muchos daban por finiquitada por su vinculación al mundo rural, pero que, a base de la concatenación de crisis, ha conseguido recuperarse. Para muestra un botón: a lo largo del año pasado el consumo de butano se incrementó más de un 2% frente al mismo periodo del ejercicio anterior, según los datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). El consumo acumulado fue de 717.577 toneladas de butano convencional en 2025. Un año antes apenas superó las 703.000. Son casi 15.000 toneladas más de consumo de butano en poco más de un año. Y es precisamente ahora, entre noviembre y marzo, cuando más acopio de bombonas se realiza por parte de los hogares, con la hostelería y buena parte de los comercios adquiriendo este producto que no ha dejado de sorprender por su evolución. El consumo de este producto llega a duplicarse e incluso multiplicarse por tres durante el invierno con respecto a otras épocas del año. La proliferación de los alquileres de temporada, aquellos que están vinculados a determinados meses del año -por ejemplo, los del curso escolar, de septiembre a junio de cada año- se está convirtiendo en un factor determinante para explicar el buen estado de forma del mercado del butano en España. Cada vez hay más trabajadores que necesitan una vivienda en épocas concretas. Y, al mismo tiempo, jóvenes que solo residen fuera de sus casas durante el curso escolar e incluso solo durante la semana lectiva dejando vacíos esos pisos durante los fines de semana. Por no hablar de la inclinación de los propietarios hacia el alquiler temporal para evitar problemas de impago. Para estos inmuebles, una parte de los propietarios sigue aferrándose a la bombona como método para calentar las casas y obtener agua caliente. El coste explica que escojan esta opción. Se trata de un producto con un precio regulado de 15,58 euros por recipiente de 12,5 kilogramos, el más económico. Y para un hogar medio de cuatro personas, con tres o cuatro bombonas al año pueden resolver esta factura. Es decir, un importe anual de poco más de 62 euros. El histórico recipiente de color naranja -aunque también los hay rojos y plateados- se ha convertido en un concepto vinculado a los 'millenial': pagar solo por lo que consumes , como con un vehículo de alquiler, por poner un ejemplo. La bombona cuenta con la ventaja de que no hay que abonar una cuota fija todos los meses, como sí ocurre con el gas natural y otro tipo de calefacciones. Solo es necesario abonar el precio del contrato del servicio inicial, de menos de 44 euros. Y a partir de ahí, se compran tantas bombonas como sean necesarias, ni una más ni una menos. La montaña rusa por la que ha atravesado este producto ha venido marcada en los últimos años por los periodos de 'shock' que ha vivido la economía española. Así ocurrió, por ejemplo, con el inicio de la invasión rusa de Ucrania , cuando muchos españoles optaron por este producto ante la rápida subida de precios de la energía que llevó la factura de la luz a cotas históricas y obligó al Gobierno a intervenir el mercado del gas, cuyos recibos llegaron a triplicarse en muchos casos. Algo similar ocurrió el pasado 28 de abril de 2025. Ese día España se quedó a oscuras, con el apagón : y solo quienes tenían gas butano en casa pudieron calentarse, cocinar y vivir en sus inmuebles sin las restricciones que tenía el resto de hogares. Ante este contexto, las empresas del sector siguen apuntalando esta vía de negocio. Repsol es la firma que más cuota de mercado tiene en gas butano. Con 12 factorías -muchas de ellas cercanas a sus refinerías-, la corporación realiza la distribución a través de 200 agencias en toda España y de sus 2.000 repartidores. Más allá del consumo en cada hogar, hay vertientes menos conocidas del butano, pero para cuyas actividades supone una tabla de salvación. Por ejemplo, en el sector de la restauración y la hostelería. La mayor parte de los cocineros prefieren usar esta fuente de energía frente a la electricidad para elaborar sus platos. Esta modalidad tiene más poder calorífico, más utilidad práctica y también un ahorro en costes que notan en las facturas con respecto al uso generalizado de la luz para cocinar durante horas y en condiciones extremas. Al tratarse de actividades muy intensivas en consumo energético, el ahorro económico les lleva a mantener, en algunos casos, o a optar, en otros, por el butano. Además, gracias a la modernización de estos sistemas, los establecimientos de hostelería pueden controlar el consumo que realizan con soluciones como sistemas de telemedida, que permiten a los empresarios optimizar el consumo incluso desde un dispositivo móvil. Es una nueva vuelta de tuerca para un sistema energético al que parecía que le quedaban pocos años de vida, pero que sigue manteniéndose con la clave del dinero como eje principal para seguir utilizándolo.