En 1979, Shadi (que no da su apellido para proteger su identidad) vivía en Londres con su marido. Ambos iraníes, él ingeniero y ella artista, se habían mudado a la capital británica desde Shiraz para estudiar y decidieron quedarse. Él encontró un buen trabajo, ella montó su propio estudio y tuvieron una hija. Con la niña recién nacida, Shadi viajó a Irán para que su familia pudiera conocerla. La revolución estalló y, en medio de la parálisis del país, la suspensión de vuelos y el colapso del estado, ella no pudo salir de Irán ni su marido logró entrar. Quedaron separados sin saber cuándo podrían volver a verse. Meses después, según relata Shadi, su marido se quitó la vida, vencido... Ver Más