La discreta escuadra de León XIV que le ayuda a gobernar la Iglesia

Cuando Francisco fue elegido Papa, su principal desafío de gobierno era desenredar la maraña burocrática que había impedido que Benedicto XVI actuara con agilidad y que agotó sus fuerzas y le llevó en último término a renunciar. Para simplificar esa estructura creó un Consejo de cardenales que puenteaba a la Secretaría de Estado y se rodeó de un círculo mágico de consejeros a quienes encomendaba tareas que correspondían a la Curia Vaticana. La estrategia devolvió al Pontífice la capacidad de mando, pero cristalizó la   desconfianza e ntre él y los dicasterios. León XIV intenta superar esa desconfianza enfatizando cuánta ayuda encuentra en la maquinaria vaticana, estrategia que ha servido para calmar las aguas en Roma y normalizar el flujo de trabajo institucional. No puentea a nadie , juega a cartas descubiertas y cultiva la confianza con su número dos, el cardenal Pietro Parolin y con el número tres de la Santa Sede, Edgar Peña Parra, ambos nombrados por su predecesor. Ahora Parolin es el funcionario de la Santa Sede que habla a la prensa y que expone en público la línea oficial, como hizo esta semana al anunciar que el Vaticano no estará en la Junta de Paz de Donald Trump. A la vez, sin hacer ruido ni abrir heridas, plantea consultas puntuales a conocidos que le ayuden sin hacerse notar cuando se presentan cuestiones específicas delicadas como reorganización de departamentos, sustitución de altos cargos o elaboración de nuevos documentos. En estos casos pide a sus consejeros que recopilen información y propongan vías de solución, sabiendo que no tendrán la pretensión de ser obedecidos. «Es muy cuidadoso de que ninguna persona a la que consulta se apropie del Papado y se arrogue la capacidad de decisión», explica a ABC una fuente bien informada. Un atajo para conocer las personas de confianza del Papa es ver a quién confía el control de la caja de caudales. Ese indicio lleva en primer lugar al cardenal español Ángel Fernández Artime , de 65 años, pro-prefecto del Dicasterio para los religiosos. En octubre lo hizo juez del Tribunal de Apelación del Estado Ciudad del Vaticano y en enero León XIV le pidió que introdujera ante los purpurados los trabajos de su primer consistorio y que coordinara la primera sesión, tareas que solo se encomiendan a alguien de plena confianza. Desde entonces, lo ha incluido en la comisión cardenalicia que supervisa el banco del Vaticano (IOR), y en la Fundación Ratzinger para preparar el centenario de Benedicto XVI en 2027. En ese mismo consistorio también pidió directamente ayuda para guiar las conversaciones a otros dos cardenales de los que se fía, el portugués José Tolentino de Mendonça, de 60 años, prefecto del dicasterio de cultura y educación, y el filipino Luis Antonio Tagle, de 68 años, del dicasterio para las Iglesias de misión. A este último purpurado, además, simbólicamente le traspasó el título que él tenía cuando era cardenal, y en el Vaticano gestos como ese tienen más peso que cualquier palabra. La pista financiera lleva hasta otras dos personas. Primero, el italiano Giordano Piccinotti, de 50 años, presidente del APSA, organismo que administra el patrimonio inmobiliario y financiero del Vaticano, y que paga los sueldos y los gastos de la Santa Sede. Piccinotti es una de las personas con las que León XIV ha mantenido más encuentros oficiales en lo que va de Pontificado. El otro es el cardenal Fabio Baggio, de 61 años, a quien León XIV ha incluido en la comisión para «materias reservadas» del Estado Vaticano, que vigila sobre cuestiones de seguridad y obras públicas delicadas en territorio vaticano. Baggio coordina el Borgo Laudato si' en Castel Gandolfo , donde el Papa pasa cada semana un día de descanso. En esta comisión de «materias reservadas» se sientan otras dos de las personas con las que más se reúne el Papa, Sor Raffaela Petrini y Filippo Iannone. Petrini, romana de 57 años, es la eficaz gobernadora del Estado Ciudad del Vaticano, y Iannone, de 68, es el canonista napolitano al que León XIV hizo su sucesor al frente del dicasterio para los obispos . No pasa desapercibido que la primera ciudad italiana a la que viajará el Papa será precisamente Nápoles, un modo de darle las gracias. También cuenta con Sor Simona Brambilla, de 60 años, a quien Francisco convirtió en la primera mujer al frente de un dicasterio con poderes legislativos eclesiásticos . El Papa aprecia cómo esta religiosa soportó estoicamente los recelos de quienes no miraban con buenos ojos que ocupara el cargo tradicionalmente reservado a un cardenal. León XIV acaba de darle voz y voto en la comisión reservadísima que selecciona a los futuros obispos de todo el mundo. Otra de sus colaboradores es el eficaz cardenal canadiense Michael Czerny, de 79 años, actual prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral. Czerny le ayudó a completar la exhortación apostólica «Dilexi te» y para darle las gracias, el Papa visitó su dicasterio el mismo día que se hizo público el documento. Se da por cierto que también está ayudando a León XIV a concluir su primera encíclica, que podría publicarse antes de Semana Santa. Sus dos grandes colaboradores operativos son el agustino nigeriano Edward Daniang Daleng, de 48 años, a quien nombró vice regente de la Casa Pontificia, y su secretario particular, el sacerdote de Chiclayo (Perú) Edgard Rimaycuna Inga, de 36 años, quienes sostienen la oficina del Papa. Ambos coordinan su agenda pues, a diferencia del Papa Francisco, León XIV evita en general acordar encuentros o dar cita personalmente. Rimaycuna, a quien conoce desde sus tiempos de Chiclayo, es además su principal contrincante en la pista de tenis. Aparte de ellos, antes de ser elegido Papa el cardenal Robert Prevost trabó amistad y colaboró con algunas personas con años de experiencia en Roma y el Vaticano. Entre ellos, hay tres españoles que conoce bien. El primero es Alejandro Moral, hasta septiembre prior de los agustinos, quien recientemente se ha trasladado a Cuba. También otro agustino, el obispo Luis Marín de San Martín , uno de los responsables del Sínodo de obispos, y el sacerdote Jordi Bertomeu, colaborador del fiscal antiabusos del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, que siguió la crisis de la Iglesia en Perú y el desmantelamiento del Sodalicio de Vida Cristiana. En general, el hilo conductor de estos nombres no es ideológico sino la discreción y la habilidad para tejer consensos y evitar rupturas. No es habitual que ninguno de ellos dé entrevistas, y mucho menos que mencione la ayuda que presta al Papa. Saben además que León XIV no les pide que den forma a su Pontificado, sino que le ayuden a comprender la Iglesia y las personas. Esa es su única tarea.