Me siento inseguro

Sí, tengo que reconocerlo, en España cada vez me siento más inseguro. La violencia campa a sus anchas por nuestro país. He de decir que las únicas veces que me han atracado en mi ciudad, hace ya bastantes años, eran tiempos en los que las drogas, el SIDA y las reconversiones industriales que dejaron en la calle a miles y miles de trabajadores destrozaron a toda una generación, a sus familias y a nuestros barrios. Aunque parece que hoy día para algunos aquello era un remanso de paz. Pero sí, ahora tengo cada vez más miedo. Tengo sobre todo miedo de la impunidad que cada vez más tienen algunas minorías . Minorías como los empresarios, que siguen torpedeando los avances sociales y unas condiciones económicas mínimas para sobrevivir mientras sus salarios y sus beneficios no paran de crecer. Empresarios que hacen EREs de miles de personas para optimizar sus ganancias, que cierran oficinas, que echan a sus trabajadores con más experiencia para sustituirlos por trabajadores más baratos, que fabrican sus productos en régimen de semiesclavitud fuera de nuestro país, que no pagan horas extras, que tienen a gente trabajando sin contrato, sin medidas de seguridad o reponiendo en un supermercado con muletas o jugándose la vida para repartir a domicilio en medio de una DANA con muertos. Tengo miedo de esos empresarios que nos ponen como ejemplo de emprendimiento o de eficacia y que se blanquean regalando máquinas a hospitales con una ínfima parte de los impuestos que dejan de pagarnos a todos. Tengo miedo de otras minorías que campan a sus anchas por nuestras ciudades degradándolas. Esas personas a las que no se les ve la cara y que no se integran en nuestra democracia. Esos neonazis a los que se permite manifestarse amenazando y gritando consignas inconstitucionales escoltados por la policía. Tengo miedo de que supuestos periodistas a sueldo del poder mientan sin ningún pudor en sus medios sin ninguna consecuencia, incluso que acosen y persigan a periodistas, políticos o figuras públicas –siempre de izquierdas– sin ninguna consecuencia y con la correspondiente subvención a su medio de los poderes de turno en agradecimiento a los servicios prestados. Sí, tengo miedo, por ejemplo, de que un nada menos que exministro que usaba su cargo para llenarse los bolsillos junto a sus empresarios más cercanos no acabe en prisión y, de hecho, no aparezca en las primeras páginas de prácticamente ningún periódico aunque se presume que es uno de los casos de corrupción más importantes de la democracia. Tengo miedo de que se instale la idea de que España no es un país seguro cuando lo único relacionado con la delincuencia que ha aumentado es la venta de alarmas para, supuestamente, librarnos del problema imaginario de los okupas. Tengo miedo de que se criminalice a toda una generación en detrimento de la siguiente porque el precio de la vivienda o las condiciones de trabajo son inasumibles para la vida humana para vender libros y/o seguros privados de pensiones. Tengo miedo de que el discurso de que las jubilaciones o las prestaciones sociales a los más desfavorecidos son inasumibles nos quiten el foco de lo inasumible de verdad, la concentración brutal de riqueza en manos de sólo unos cuantos. Tengo miedo de pasear por mi barrio y ver cómo van cerrando todos los pequeños comercios sustituidos por franquicias o bares canallitas de grupos empresariales de cachorros de la alta burguesía que van de malotes. Tengo miedo de tener que irme de mi propia ciudad porque quienes deberían hacerla más vivible la están rifando a especuladores, vividores y otra fauna autóctona y extranjera. Tengo miedo de tener un bulto y tener que aguantar en una lista de espera sin saber si va a acabar conmigo mientras los responsables de que no pueda verme un especialista pronto se dan la vida cañón en áticos de lujo pagados con comisiones y fraudes fiscales. Tengo miedo al ver que los métodos dictatoriales de otros países gobernados por la ultraderecha que están destrozando sus sociedades sean el ejemplo a seguir por la supuesta derecha y ultraderecha, valga la redundancia, de nuestro país. Tengo miedo de entrar en redes sociales y que se hayan convertido en una ciénaga, en un pozo de odio, de machismo y de fascismo, y de tener que marcharme porque ni sus dueños ni los gobiernos de nuestros países les ponen límites. Tengo miedo de que se hayan invertido millones de euros en adoctrinar a nuestros jóvenes a través de sus teléfonos móviles para que piensen que pagar impuestos es un robo, que ser machista es un valor en alza o que con Franco se vivía mejor. Tengo miedo de que salga impune la muerte de miles de ancianos sin asistencia médica, la violencia contra las mujeres, el acoso en redes, el racismo, la persecución de las minorías… Tengo miedo de tantas cosas. Tengo miedo al ver que las fuerzas de seguridad del Estado, que son las que tienen que protegernos de todo esto, tienen unas tasas altísimas de delitos entre sus filas. No hay día que no salte una noticia de algunos de sus miembros saltándose la ley que han jurado proteger para nosotros. Esta semana mismo hemos visto cómo la Policía ha tenido que poner vigilancia policial a otra policía para defenderla de, supongo, sus compañeros policías, por haber denunciado una violación por parte de su jefe, otro policía, y porque su nombre se ha hecho público en un chat… ¡de un grupo de policías! ¿Quién vigila al vigilante? Hoy quiero confesar que estoy algo cansado de este debate sobre la inseguridad que siempre va hacia abajo y nunca hacia arriba. Siempre de los penúltimos a los últimos pero nunca a los primeros o a los segundos. Sí, confieso, me siento atacado y atracado cada día. Sí, tengo mucho miedo y me siento inseguro.