Responsabilidad política

Mi madre era una persona muy pasional. Vivía todo con mucha intensidad, daba igual que fuera la preparación de sus clases en el instituto o la elección del restaurante al que salíamos a comer los domingos. No fue una decisión que tomara en sus últimos años, siendo ya consciente de que se le acababa el tiempo y debía beberse la poca vida que tenía por delante antes de que el cáncer la consumiera. En mi memoria siempre fue así, aunque cualquier hecho al ser recordado se convierta en una ficción, forme parte de la narrativa que somos, seres contadores de historias, además de humanos. Esa pasión la trasladaba también a las discusiones que en mi casa se mantenían sobre política, charlas que podían prolongarse horas cuando los amigos de mis padres acudían a almorzar o a cenar convocados por ella.