El mejillón gallego ha sufrido en su propia carne la recta final de 2025, víctima de un episodio de biotoxinas excepcional que alcanzó su momento crítico en noviembre —con el cierre de 49 de los 52 polígonos donde se cultiva este bivalvo— y llegó a prolongarse más de tres meses en algunas zonas, como la ría de Pontevedra. El candado al mar supuso la paralización de la inmensa mayoría de las más de 3.300 bateas de la comunidad en una estación clave, el otoño, cuando las ventas se elevan y muchos bateeiros necesitan dar salida a su cosecha, tanto en natural como para la conserva.