Después de atravesar la devastación de una enfermedad y un duelo que la dejó rota tras 40 años de matrimonio, Susana creyó que la persiana del amor estaba baja para siempre. Pero a los 74 conoció a Manuel, de 78, volvió a sentir mariposas revoloteando en el estómago y descubrió que el deseo y la libertad no tienen fecha de vencimiento