Escribo como mujer ostomizada y como cordobesa, movida por una experiencia tan sencilla de explicar como difícil de vivir. Hace unos días, por el fallecimiento de un familiar, tuve que pasar la noche en el Tanatorio de Córdoba, el situado en el Polígono Industrial de Las Quemadas. En un lugar donde el dolor ya lo ocupa todo, una espera no debería convertirse además en una prueba de humillación.