No hay atajos ni trampas, ni artificios. Narración pura. Depurada, deliciosa, sin innovaciones vanas ni ínfulas o pretensiones de epatar. Fácil de leer, dificilísimo de escribir. Landero es un escritor en estado de gracia. El lector se sienta, con esta lectura estaría cómodo incluso de pie, y espera a que las historias les sean contadas.