A los cuarenta y seis años de su muerte prematura, el legado de ferviente cristiano y militante progresista de Alfonso Carlos Comín está algo diluido, pero no se debe olvidar que con su trabajo práctico e intelectual fue el artífice principal de algo impensable hasta entonces como fue que los partidos comunistas abandonaran su ateísmo tradicional y abrieran sus puertas a los cristianos, y que la Iglesia aceptara el diálogo con el marxismo. Un libro auspiciado por la fundación que lleva su nombre y publicado por Galaxia Gutenberg recoge la voz y la palabra de este católico comunista que abrió la puerta a un dialogo esencial.