Emilio Caracafé: «Con Pata Negra teníamos guardaespaldas porque se nos tiraban los fans, pero en algún concierto nos tiraron vasos y de todo»

Emilio Fernández de los Santos «Caracafé» (el mote se lo puso su hija cuando tenía 4 años) acaba de ganar la Encomienda de número de la Orden del Mérito Civil por su labor formativa con los niños de las Tres Mil Viviendas, el barrio sevillano en el que se crió junto a sus diez hermanos. Gitano de ley y alma de la Fundación Alalá, que ofrece oportunidades educativas a los alumnos del barrio más pobre de España, este guitarrista flamenco aprendió del Niño Ricardo, su maestro, y del más grande, Paco de Lucía. Ha compuesto la banda sonora de tres películas, actuado en infinidad de teatros y acompañado a Niña Pastori, Pepe de Lucía, Manuel Molina o Manzanita, entre otros. -¿Cuándo empezó a tocar la guitarra? -Con 7 añitos ya empezó a darme el cosquilleo de la guitarra. Mi padre era muy flamenco y llegaba con los amigos a casa a las cuatro, no importaba la hora y nos despertaba a todo el mundo. Y lo hacíamos con mucha alegría porque sabíamos que había una juerga y una fiesta, que cantábamos y que bailábamos. Éramos once hermanos, yo recuerdo mi mi infancia como una fiesta, a pesar de las necesidades. -Poco dinero pero mucha alegría... -Sí. Mucha alegría. Mi padre era muy estricto con lo de ir al cole. Los sábados y los domingos íbamos a vender con él, todos los hermanos teníamos que aportar algo. Y cuando yo le dije a mi padre después de comprarme la primera guitarra -que me costó muchísimo., que me querían contratar con 13 ó 14 años y que yo quería ya dejar el cole, mi padre se mosqueó mucho. Fueron a hablar con él y al final me dejó ir a tocar por ahí, aunque con lágrimas en los ojos. Me dijo que éste era un mundo muy difícil. -¿Donde tocó por primera vez? -En Marbella, en la casa de un conde que daba muchas fiestas. Y ya estaba en las Tres Mil y conocí a Pata Negra. Nos buscamos la vida y recuerdo que íbamos pasando el plato por ahí. Éramos casi niños prodigio y ya con 15 años empezamos a grabar con Pata Negra, con Juana la del Revuelo, con Manuel Molina. -¿Su referente en la guitarra fue Paco de Lucía? -Yo empecé a escuchar a Niño Ricardo, que también fue el referente de Paco. Tuve la suerte de estar con él y recuerdo una de las primeras veces con Paco en el Rocío. Fueron dos días sin dormir tocando la guitarra con Tomate. Paco nos animaba y le gustaba escucharnos. -Ha dicho alguna vez que uno de sus hobbies favoritos es «comer bien». -Por supuesto. Choquitos de Huelva, esas coquinas, esas gamblas blancas de Huelva. Ese puchero gitano bueno que quita el sentido. Eso te pone unos colores... Hay que estar fuerte para tocar. - ¿Cómo cuida sus manos? -Me las cuido mucho. Me hago mi manicura. Tengo los tendones desgastados, se me doblan los dedos (los enseña). Después de tantos años tocando llegan un punto en que se te castigan las manos y te empiezan a salir cosas. Te adaptas a eso pero ya no tienes tanta rapidez y no puedes hacer los cien metros lisos en diez segundos. De todas maneras, mis manos, que Dios me las bendiga, aun pueden tocar bien. -¿Cómo recuerda esos conciertos con Pata Negra? Tendrá muchas anécdotas... -En un concierto llegamos tarde porque Diego se estaba maqueando y todos nos fuimos antes que él en un coche. El público estuvo media hora esperando y empezó a pitar. Cuando llegamos, cortaron un cable y aquello fue un desastre. Y la gente empezó a tirarnos cosas, menos mal que los vasos eran de plástico. Y en medio de eso aparece por fin Diego en el solo de piano. La gente se mosquea más y decimos vamos a bajarnos. Rafaelillo, con la cara desencajada, dando guitarrazos diciendo con perdón «mierda, mierda. Nos tuvimos que encerrar en el camerino. Pero la mayoría de las veces la gente nos comía y teníamos que estar con guardaespaldas porque los fans se nos tiraban encima en la época del blues de la frontera. -Para ser un gran guitarrista no hay que ser buena persona, pero usted valora mucho la bondad de los artistas. Y de la gente... -Sí. Valoro la bondad y el cariño que dan. Yo creo que va un poco ligado, aunque hay de todo. Yo no quiero una persona que sea un genio tocando la guitarra si después no me puedo tomar un café con él o una cervecita. O no puedo permitirme el lujo de decir lo que a mí me plazca libremente porque esa persona es mala y no tiene buen corazón. Es mejor que te digan que eres buena gente o qué buen corazón tienes, a que te digan qué bien tocas. -¿Paco de Lucía era uno de esos genios que son también buena gente? -Sí, Paco era un genio con un gran corazón.