Una plaga arremetió de manera virulenta contra las fincas de perales y manzanos en Navarra el año pasado, principalmente en la Ribera Alta y Baja, debido a la confluencia de tres factores: ambiental –una humedad de hasta el 70%, la lluvia, el granizo y unas temperaturas de entre los 18 y 30 grados–; la presencia de la bacteria y la existencia de frutales de pepita propensos a su ataque.