Actualmente, casi la mitad de los nuevos diagnósticos de esta enfermedad se producen en personas mayores de 70 años, una realidad demográfica que exige una respuesta sanitaria especializada y adaptada a sus complejas necesidades. En este contexto, el Hospital San Juan de Dios de Sevilla ha dado un paso adelante con la creación de la primera unidad de oncogeriatría de Andalucía, un proyecto pionero en la comunidad que integra la valoración geriátrica, la hospitalización y la atención domiciliaria para ofrecer un cuidado completo y humanizado al paciente anciano con cáncer. Esta iniciativa, liderada por la geriatra Cristina Garzón y el oncólogo Juan Antonio Virizuela, busca ir más allá del tumor para tratar a la persona en toda su dimensión. La premisa fundamental de la oncogeriatría es que no todos los pacientes mayores son iguales y, por tanto, no pueden recibir el mismo tratamiento. El enfoque tradicional, centrado exclusivamente en el tumor, resulta insuficiente. “No es suficiente con tratar el tumor. Tenemos que conocer la capacidad intrínseca, el estado funcional, emocional y social de cada persona. Eso cambia completamente la forma en que se deciden los tratamientos”, explican. El objetivo es claro: ajustar las terapias, evitar complicaciones y, sobre todo, mejorar la calidad de vida del paciente. La colaboración estrecha entre oncólogos y geriatras se vuelve, como define la doctora Garzón, “obligada”. “El oncólogo es el especialista en tratar el cáncer, pero los geriatras somos los especialistas de las personas mayores”, afirma, subrayando la necesidad de esta sinergia. La pieza angular de este nuevo modelo asistencial es la valoración geriátrica integral, una herramienta de evaluación que el equipo realiza antes de iniciar cualquier terapia. “Nos dice, no si el tratamiento se puede hacer, sino si el paciente es adecuado para ese tratamiento o no”, detalla la doctora Garzón. Este análisis exhaustivo permite determinar con precisión la edad biológica del paciente, un concepto que va mucho más allá de la fecha de nacimiento. Un paciente mayor puede oscilar entre la robustez de un adulto joven y una dependencia absoluta. En medio de esos dos extremos se encuentra un espectro de grises que los geriatras denominan fragilidad. Lejos de ser un obstáculo, entender la fragilidad del paciente es clave. “La fragilidad no es un problema, es una herramienta para cuidarlo mejor, nos dice qué tratamiento va a tolerar mejor y cuál le aportará más calidad de vida”. Este conocimiento sobre la reserva funcional y la capacidad de respuesta del paciente es fundamental para adecuar cirugías, quimioterapias o radioterapias. “A veces el reto no es el tumor, sino prevenir complicaciones por su diabetes, su insuficiencia renal o su deterioro cognitivo. Este análisis cambia completamente la manera de cuidar”, añade la especialista. Para garantizar esta visión, el geriatra se incorpora al comité desde el primer momento, participando en la toma de decisiones junto a cirujanos y oncólogos y acompañando al paciente durante todo el proceso. Uno de los aspectos más diferenciales y valiosos del proyecto es la inclusión de la atención domiciliaria, un servicio diseñado especialmente para pacientes frágiles o con serias dificultades de movilidad. Para una persona mayor, el simple hecho de desplazarse al hospital o a las consultas puede suponer un esfuerzo enorme y una fuente de complicaciones. “Muchas veces el simple hecho de no tener que venir al hospital evita complicaciones. En casa vemos cómo vive realmente el paciente y podemos anticiparnos a problemas que en una consulta no se perciben”, señala la doctora Garzón. Se trata de una filosofía de cuidado basada en la empatía y la practicidad. Esta asistencia en el hogar no solo aporta comodidad, sino que ofrece una visión mucho más completa del entorno y las necesidades reales del paciente, permitiendo un seguimiento más eficaz y cercano. La idea, según los responsables de la unidad, es facilitar al máximo el proceso a quienes se encuentran en una situación de vulnerabilidad. “A estas edades hay que ponerle las cosas fáciles”, concluye la doctora. De esta forma, la iniciativa garantiza una continuidad asistencial real: el paciente es atendido en la consulta, hospitalizado si es necesario y, finalmente, seguido en su propio domicilio por el mismo equipo. “Queremos cerrar el círculo, desde el diagnóstico hasta las fases finales, el paciente debe sentir que estamos con él”. Aunque la oncogeriatría es una disciplina consolidada en otras comunidades autónomas como Madrid o Cataluña, de donde proviene la doctora Garzón, su implantación en Andalucía era hasta ahora inexistente. “Podemos decir que la unidad de oncogeriatría que lidera el hospital de San Juan de Dios es la primera en esta comunidad”, confirma la especialista. Este carácter pionero sitúa al centro sevillano como un referente en un ámbito de la medicina cuya importancia no hará más que crecer. Entre los tumores más prevalentes en este grupo de edad, los expertos señalan el cáncer de próstata, el cáncer de mama, el cáncer de pulmón y el cáncer de colon. Para la directora gerente del hospital, María Jesús Pareja, esta unidad es un fiel reflejo de la identidad de la institución. “Este proyecto representa lo que somos como hospital: innovación y Hospitalidad al servicio de las personas”. Pareja subraya que la iniciativa no consiste únicamente en mejorar un proceso clínico, sino en “adaptar nuestro modelo para ofrecer a los mayores la atención que merecen, respetando su dignidad”. Este enfoque, concluye, “busca no solo tratar el cáncer, sino cuidar a la persona mayor en toda su complejidad, ofreciendo una atención que aúne rigor clínico, continuidad asistencial y la calidez y humanización que caracterizan a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios”.