Las patatas son uno de esos ingredientes humildes que nunca fallan en la cocina y que, como recuerda José Antonio Gracia, director de marketing de Martín Martín, “han salvado de hambrunas a la humanidad”. Este versátil tubérculo, que se cultiva desde hace más de 4.000 años en Sudamérica, fue traído a Europa por los conquistadores españoles y se ha convertido en un pilar de nuestra gastronomía. Aunque las patatas fritas en tiras alargadas son originarias de Francia y Bélgica, la versión más famosa, las de tipo 'chips', redondas y finas, tienen una historia muy particular. Ahora se consumen fritas, en bolsa como uno de los snacks más famosos del mundo, pero este tipo de patata nació del hartazgo de un chef en un restaurante de Saratoga, en Nueva York, cansado de un cliente que siempre se quejaba del grosor de las patatas. La historia cuenta que el chef, harto de las quejas de este cliente, exclamó: “Te vas a enterar, las voy a cortar tan finas que no vas a poder pincharlas con el tenedor”. Lejos de enfadarse, al cliente le fascinaron esas patatas tan delgadas y crujientes. El éxito fue tan inmediato que las bautizaron como ‘Saratoga chips’. La popularidad del nuevo snack creció tanto que se hizo imposible pelar y cortar las patatas a mano. Esto impulsó la invención, en 1920, de la primera máquina mondadora y cortadora de patatas, un avance que permitió su expansión mundial y la consolidación del aperitivo más popular del planeta. El hecho de que las patatas fritas sean tan adictivas ha sido objeto de estudio. Se ha concluido que la razón podría estar en la combinación de grasa y carbohidratos, su textura crujiente y el sonido que producen al morderlas. Esta mezcla, según los expertos, “activa regiones del cerebro relacionadas con el sistema de recompensa neuronal”, de una forma similar a como lo hace el chocolate. Más allá de tomarlas solas como aperitivo, existen trucos para darles un giro sorprendente. Un método sencillo consiste en meterlas al microondas durante unos segundos antes de consumirlas. Este gesto no solo las vuelve más crujientes, sino que también potencia el sabor, ofreciendo una experiencia similar a la de unas patatas recién hechas. Otra opción, popularizada por el chef Ferran Adrià, es usarlas para hacer tortilla de patata. El truco consiste en trocear las chips dentro de los huevos batidos para que se hidraten antes de cuajar la tortilla en la sartén, dando como resultado un plato muy resultón y original. Su textura firme las convierte también en una base ideal para canapés con chips. Se pueden usar para servir sobre ellas un sinfín de ingredientes, como un poco de ensaladilla rusa, gulas, una anchoa o un mejillón, creando aperitivos rápidos y sabrosos. Finalmente, son perfectas para ‘dipear’. Se pueden mojar en todo tipo de cremas y salsas, desde el popular guacamole o el hummus hasta queso fundido. Para los más atrevidos, la combinación con una ‘fundue’ de chocolate ofrece un adictivo contraste entre el dulce y el salado. El éxito de este snack es innegable, y prueba de ello es la enorme variedad de sabores que existen hoy en el mercado, como queso curado, huevo frito, jamón ibérico o trufa. Cadenas como Martín Martín llegan a vender más de medio millón de bolsas de patatas chips al año, siendo su producto más vendido.