Cuando se han cumplido sesenta días de las elecciones en Extremadura del pasado mes de diciembre, la primera cita de un frenético calendario electoral que siguió en febrero en Aragón y que ahora tendrá otra etapa en las elecciones del próximo 15 de marzo en Castilla y León, la situación para la presidenta en funciones de esa comunidad autónoma, María Guardiola, no es fácil. Abocada a un primer debate de investidura en la Asamblea extremeña el próximo 3 de marzo, de muy incierto resultado, y habiendo vuelto a protagonizar, como en el verano de 2023 antes de su primera investidura, un giro copernicano en lo que concierte a su relación con Vox, ni tiene garantizado que no haya una repetición electoral inédita en la región ni es ese tampoco su principal problema.