Uno. El atraco Atracamos hoy a gran Juan Marsé, que varias vecUno. El atracoes anunció pero nunca llevó a cabo cierto proyecto de memorias literarias que se proponía titular bellísimamente 'Aquel muchacho, esta sombra'. Nuestro 'Aquel Rufián, este Gabriel' saquea discretamente al maestro del Guinardó, pero invirtiendo el orden de los factores: en nuestra película dominical el segundo hace de muchacho y el primero opera como sombra. Dos. El hombre del tuit ¿Quién iba a decirnos, ay, a quienes veíamos en el procés un temerario disparate que ponía en riesgo la convivencia en Cataluña que, casi una década después, íbamos a tener tan buena opinión de uno de los tipos que hizo más ruido en aquella contienda mitad antiespañola, mitad anticatalana y cien por cien anticonstitucional? El patriotismo chiripifláutico del procés tuvo en el portavoz de ERC Gabriel Rufián a uno de sus más insolentes heraldos y en su célebre tuit de las '155 monedas de plata' -en referencia a la 'traición' de Carles Puigdemont- su momento más ingenioso, pero también más innoble y sombrío. Tres. El arcángel mensajero La distancia que va de aquel Rufián a este Gabriel es similar a la que va de la Cataluña emocionalmente incendiada de 2017 a la Cataluña igualmente catalanista pero con los pies en la tierra de 2026. Como el arcángel Gabriel de las Escrituras, el portavoz de Esquerra en el Congreso de los Diputados es hoy portador de buenas noticias con su propuesta de unidad de las izquierdas ibéricas no socialistas. El diablo de ayer ha mutado en el arcángel de hoy que advierte a las izquierdas alternativas de los muchos males que se derivan de su desunión, al tiempo que les propone unir nombres, siglas, ideas, candidaturas, estrategias, objetivos, lo que haga falta para frenar a la derecha que se avecina. Cuatro. El ausente El acto que ayer reunió en la capital de la derecha a Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Más Madrid y Comuns indica que el llamamiento del heraldo de la unidad no ha caído en saco del todo roto, aunque un poco sí, pues la ausencia de Podemos en el fiestorro confederal es mal presagio. Lo paradójico de la propuesta de Rufián es que encarnando como encarna la sensatez misma, las probabilidades de que se haga realidad son más bien remotas mientras Podemos siga de morros. Cinco. ¿Pero aquí quién manda? Un problema no menor de esa izquierda es que cuando su electorado potencial pregunta quién manda ahí, no obtiene respuesta. Su problema, claro, no es solo ese, pero el del liderazgo, el del poder es el problema que hace irrelevantes todos los demás. El mando en los partidos es como la seguridad en la sociedad: si en un barrio, en un país, no hay seguridad, el resto de los problemas, y muy en particular el problema de la libertad, apenas tienen cabida en el debate porque resultan irrelevantes. No me preguntes qué periódico prefiero: da igual el que prefiera si sé que alguien me atracará cuando me...